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19 enero, 2022

Lo que bien se dice... bien se entiende

Derecha o izquierda

¿Qué tan vigente seguirá siendo aquella separación de izquierdas o derechas en lo que a tendencias políticas se refiere?, está más que posicionada esa dicotomía respecto a las tendencias políticas que el surgimiento mismo fue circunstancial; cuenta la historia que el debate desatado el 28 de agosto de 1789 y en la Asamblea Constituyente de Francia se hacía la pregunta más revolucionaria de la época: ¿Cuánto poder debe tener el rey?, a  eso se resumía la disyuntiva fundamental que tenía ante sí la Revolución francesa: darle continuidad a la decadente monarquía o ponerle fin.

La asamblea francesa estaba integrada tanto por seguidores de la Corona como por revolucionarios interesados en tumbarla, era tan acalorado y pasional que los contrincantes se terminaron ubicando estratégicamente en la sala según sus afinidades.

De un lado, en las sillas ubicadas a la derecha del presidente del organismo, se sentó el grupo más conservador, del otro lado, en las sillas de la izquierda, se comenzaron a reunir los revolucionarios que tenían una visión opuesta.

Para Pierre Brechon, politólogo francés y profesor emérito de ciencias políticas de la Universidad Sciences Po, una de las razones por las que los términos se quedaron en la jerga política tiene que ver con su simpleza.

“El pensamiento tiene este aspecto dicotómico y para entender, al menos en un primer momento, necesitamos de cosas simples. Podríamos haber encontrado otros términos que pudieron haberse difundido mundialmente, pero lo que es importante es que se necesitaba un vocabulario simple (…). Y en las discusiones políticas la derecha y la izquierda son puntos de referencia simples”, le dice a BBC Mundo.

A más de dos siglos, más que distorsionada esta esa dicotomía, aun cuando sigue manteniendo ese dejo de simpleza para su interpretación en lo conceptual, en los hechos y más aún en nuestro entorno, ni quien se ostenta de una o de otra corriente, cumple a la hora de ejecutar las políticas públicas, ni mucho menos hay identidad en lo individual, puesto que cambiarse de partido político ha sido los más recurrente en los últimos tiempos sin que la ciudadanía llegue  sancionar tal conveniencia, pero tampoco a la hora de gobernar se hace tan latente la promesa empeñada.

Por lo tanto, una vez más reafirmo que los resultados deberían ser los que se consideren al momento de tomar decisiones, la satisfacción de necesidades de la ciudadanía, la atención de los problemas que aquejan a la sociedad, la creación de condiciones propicias para el mejor desarrollo de la familia y las nuevas generaciones, son los elementos que debe considerar la o el ciudadano, más allá de colores, izquierda o derecha, debería prevalecer el bien mayor en la próxima elección.

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