¡A ver, señores! ¿Desde cuándo la carrera de un famoso vale más que la denuncia de una persona que asegura haber sido víctima de abuso sexual cuando era una niña? ¿En qué momento decidimos que hay artistas intocables a los que debemos proteger, aunque eso signifique silenciar testimonios tan graves? Porque, si de eso se trata, conmigo se equivocaron de periodista. ¡Yo no estoy para cuidar reputaciones ni para rendirle pleitesía a nadie!
Todo esto viene a cuento porque, durante el décimo aniversario de El minuto que cambió mi destino sin censura, Jorge, el Coque Muñiz, me entrevistó y soltó una pregunta que terminó incendiando las redes sociales. Se acercó a mí y me cuestionó si había sido necesario destruir la carrera de Enrique Guzmán por las declaraciones de su nieta Frida Sofía. ¡Perdón, Coque! ¿Destruirle la carrera? ¿Por darle voz a su nieta? ¡No confundamos las cosas!
Le respondí que sí había sido necesario transmitir aquella entrevista. Y lo sostengo. Prometí no cortar absolutamente nada, analicé lo que estaba haciendo y asumí todas las consecuencias de mi decisión. Porque una cosa es respetar la trayectoria de un artista y otra muy distinta pretender que su fama lo coloque por encima de cualquier cuestionamiento.
Frida Sofía acusó públicamente a su abuelo de presuntos abusos sexuales cuando ella tenía apenas cinco años. Enrique Guzmán ha negado esas acusaciones y serán las autoridades las que determinen responsabilidades. Pero escuchar a una mujer que denuncia hechos de semejante gravedad no significa condenar a nadie. ¡Significa hacer periodismo!
Al Coque le llovieron críticas de todos lados. Después ofreció disculpas y aseguró estar cien por ciento del lado de las víctimas. Me parece bien que rectifique. Aunque, para mí, durante la entrevista parecía más preocupado por defender la reputación de Enrique Guzmán que por la gravedad de lo denunciado. Y después del escándalo en redes cambió su discurso.
Nadie nace sabiéndolo todo. Todos podemos aprender y rectificar. Pero hay cosas que deberían estar clarísimas: el abuso sexual contra menores es un delito gravísimo y ninguna trayectoria artística puede servir como escudo para impedir que se investigue una denuncia. ¡Así de sencillo!
MARIBEL GUARDIA: ¿QUÉ ESTÁ PASANDO?
Y hablando de declaraciones que dejan más preguntas que respuestas, tampoco entendí el comunicado de Maribel Guardia. Anunció que renunciaba a la posibilidad de convivir con su nieto, algo que, según dijo, ya estaba cerca de conseguir. ¿Cerca? ¡Pues qué extraño! Porque, hasta donde se ha informado, existen medidas de protección que restringen el acercamiento en este conflicto familiar. Entonces, ¿de dónde salió que la convivencia estaba prácticamente a la vuelta de la esquina?
Pero lo que verdaderamente me llamó la atención fue que hablara de un supuesto trabajo de inteligencia mediante el cual habrían descubierto que los iban a acusar de violencia. ¡A ver, a ver! ¿Cómo saben de qué los van a acusar antes de que los acusen? ¿Quién realizó semejante investigación? ¿Dónde están las pruebas? Porque una cosa es tener información y otra lanzar sospechas sin explicar absolutamente nada.
Y lo del marido de Maribel ya me parece de película. Según trascendió, expresó temor de viajar en avión porque el padre de Imelda Garza Tuñón podría hacer que le colocaran droga en el aeropuerto. ¡Perdón! ¿Estamos hablando en serio? ¿En qué se basa semejante preocupación?
Yo no sabía que hubiera información que permitiera relacionar al padre de Imelda con una maniobra de esa naturaleza. Si tienen pruebas de alguna amenaza, lo correcto es acudir a la Fiscalía General de la República. Porque insinuar algo tan grave sobre una persona, sin presentar elementos que lo sostengan, no es cualquier cosa.
Entiendo que se trata de una familia que atraviesa momentos difíciles, pero en medio de todo hay un menor de edad cuyo bienestar debería estar por encima de las disputas, los comunicados y las declaraciones públicas.
Lo digo con todas sus letras: ni la fama puede utilizarse para callar denuncias ni los conflictos familiares justifican lanzar insinuaciones sin pruebas.
El periodismo está para preguntar, investigar y confrontar, no para proteger carreras ni fabricar culpables. ¡Y al que le incomoden las preguntas, que se prepare, porque voy a seguir haciéndolas!

