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1 diciembre, 2021

Por Georges Goubert Panini

Correo Internacional

Colapso en el caos

Nada es más traumático que el comienzo del caos. En el caos, todo parece plausible ya que la propia razón se ha vuelto inaccesible. En la Edad Media, las guerras y la violencia eran comunes, al igual que las hambrunas. La Iglesia Católica Romana de la época estaba gobernada por una corrupción que haría que nuestros escándalos modernos de hoy parecieran menores. La peste negra ha golpeado, matando  un tercio de la mitad de la población europea durante un período de ocho años. La causa de la plaga era desconocida e inimaginable en un mundo sin conocimiento de bacterias y virus. Todo lo que era el conocimiento médico del día era inútil, nada funcionó. Las oraciones, el ayuno, el arrepentimiento, todas las acciones sugeridas dejaron al contagio insensible. Los piadosos murieron tan horriblemente como los pecadores. 

Con una distancia de casi 700 años, ahora sabemos qué causó la plaga (Yersinia pestis), así como fácilmente podemos juzgar los fracasos de la sociedad de la época. El tiempo y la distancia crean una ilusión de omnisciencia. Traemos esta ilusión a nuestra propia experiencia y explicaremos los fracasos de nuestro tiempo. Para algunos, los fracasos religiosos del siglo XIV sirven para apuntalar una crítica general de las creencias religiosas en sí. Uno de los puntos ciegos de la modernidad es imaginar que vivimos en un mundo secularizado y no religioso. Digo que este es un punto ciego en el sentido de que la mentalidad moderna es en sí misma profundamente religiosa en su composición. Ningún teólogo medieval tenía una teoría del todo tan completa como el espíritu de la modernidad. El mundo moderno no está desencantado, sino más bien encantado. Creemos en las fuerzas del mercado, la medicina, el gobierno, la democracia, la tecnología, los algoritmos y la marcha del progreso. Creemos conocer el significado de la historia. La mente humana no es compatible con el desencanto. Es, y siempre ha sido, un espacio encantado. Hoy en día es el caos de las tonterías de todo lo que pensamos racional y que en realidad no lo es, solo tenemos que abrir los ojos. Imponer el orden frente al caos es imposible. Pero restablecer la verdad esto es posible y debe ser nuestro combate. 

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