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noviembre 02, 2026

Voces

Cárdenas: el legado que no muere

La muerte de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, el pasado 28 de octubre, a los 92 años, no representa solamente la despedida de un dirigente político. Es una oportunidad para que las nuevas generaciones descubran cómo se construyeron derechos e instituciones que hoy forman parte de México. Su historia comienza mucho antes de su primera campaña presidencial: comienza con su padre, el general Lázaro Cárdenas del Río.

Después de la Revolución, nuestro país todavía padecía luchas por el poder. En 1929 nació el Partido Nacional Revolucionario para ordenar la sucesión presidencial, pero Plutarco Elías Calles seguía influyendo sobre distintos gobiernos: era el Maximato. Lázaro Cárdenas llegó a la Presidencia en 1934 y, dos años después, rompió con Calles. Terminó así la tutela política de un expresidente, aunque no la concentración del poder.

Su legado económico y social fue profundo. El 18 de marzo de 1938 decretó la expropiación petrolera, que comprendió bienes de 17 compañías extranjeras, tras un conflicto laboral y jurídico. Durante su gobierno se distribuyeron más de 20 millones de hectáreas mediante la reforma agraria, de acuerdo con la Secretaría de Agricultura. Para miles de familias campesinas, el acceso a la tierra representó una oportunidad de trabajo y sustento. También fortaleció la organización obrera y defendió una mayor responsabilidad del Estado frente a la desigualdad.

Esa concepción de justicia social, con raíces anteriores, tuvo continuidad política en su hijo Cuauhtémoc, aunque en circunstancias muy distintas. Ingeniero, senador y gobernador de Michoacán, conoció desde dentro al PRI, partido heredero del PNR. Pero en los años ochenta cuestionó sus prácticas internas y, junto con Ifigenia Martínez, Porfirio Muñoz Ledo y otros dirigentes, impulsó la Corriente Democrática.

En 1988 fue candidato presidencial del Frente Democrático Nacional. Aquella elección, marcada por la controvertida caída del sistema de cómputo, abrió una discusión nacional sobre la credibilidad del voto y la necesidad de instituciones electorales más confiables. Al año siguiente, Cárdenas fue cofundador del Partido de la Revolución Democrática: no inventó la izquierda mexicana, cuyas raíces eran mucho más antiguas, pero ayudó a reunir distintas fuerzas en un partido de izquierda con presencia nacional y capaz de disputar el poder.

El resultado se hizo visible en 1997, cuando obtuvo alrededor del 47% de los votos y se convirtió en el primer jefe de Gobierno del Distrito Federal elegido por sufragio popular. Fue candidato presidencial tres veces y mantuvo una trayectoria pública que trascendió su militancia partidista. Parte de la tradición política articulada alrededor del PRD confluyó posteriormente en Morena, sin que ello borre las diferencias entre ambas organizaciones ni las posiciones independientes del propio Cárdenas.

La presidenta Claudia Sheinbaum lo despidió reconociendo sus principios firmes y su aportación a la vida política nacional. Más allá de las siglas, recordar a los Cárdenas significa reconocer dos tareas distintas y complementarias: ampliar derechos sociales y abrir caminos para que la ciudadanía participe en las decisiones del país.

A los jóvenes que no vivieron 1938, 1988 ni 1997, esta historia les pertenece. Lázaro dejó reformas que cambiaron la relación entre el Estado y los sectores populares. Cuauhtémoc ayudó a abrir la competencia política a una izquierda nacional organizada. Su legado no es que todos pensemos igual, sino que más mexicanos puedan exigir justicia, defender sus derechos y hacer escuchar su voz. Eso es lo que no debe morir.

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