Por Gabriela Vivas / Grupo Cantón
Alcanzar, convencer, vender y volver Hay una escena que se repite todos los días: una persona necesita algo, toma su teléfono y comienza a buscar.
Quizá necesita un restaurante, un dentista, un curso, un vestido o alguien que le arregle el carro. En unos minutos puede pasar de no conocer ninguna marca a tener tres opciones abiertas en pantalla.
Aquí comienza el verdadero camino del consumidor.
En marketing lo conocemos como Customer Journey, el recorrido que hace una persona desde que descubre una marca hasta que decide comprarla y, eventualmente, volver a hacerlo.
El primer momento es el alcance, la persona te descubre, apareces en su pantalla, en Google, en una recomendación o en una conversación. Todavía no está pensando en comprarte.
Simplemente ahora sabe que existes. Después llega la consideración. Aquí empieza la investigación: revisa tus redes, compara precios, lee comentarios, mira fotografías, busca opiniones y trata de responder una pregunta sencilla: “¿Esta marca será para mí?”. Es una etapa en la que la confianza comienza a construirse.
Luego aparece la conversión. Ese momento en el que la intención se transforma en una acción: comprar, reservar, agendar, pedir una cotización o escribir por WhatsApp. Pero hay un detalle que muchas empresas olvidan: el recorrido no termina con el pago. Después viene la repetición.
La experiencia que tuvo ese cliente determinará si vuelve, si te recomienda o si simplemente desapareces de su vida después de una transacción. Por eso, pensar únicamente en “¿cómo consigo más ventas?” puede dejarnos mirando solo una pequeña parte de la historia. Una marca necesita preguntarse: ¿cómo me están descubriendo?, ¿qué encuentran cuando investigan sobre mí?, ¿qué tan sencillo es comprarme? y, sobre todo, ¿qué experiencia estoy dejando después de la compra? Porque cada etapa necesita una conversación diferente.
El contenido que sirve para llamar la atención no necesariamente es el mismo que ayuda a tomar una decisión. Un anuncio puede conseguir una visita, pero una buena experiencia puede conseguir un cliente recurrente.
Y existe algo todavía más interesante: un cliente satisfecho puede convertirse nuevamente en parte del alcance. Puede recomendarte, dejar una reseña, compartir tu contenido o hablar de ti con alguien más.
Así, el recorrido se convierte en un círculo. Alcance. Consideración.
Conversión. Repetición.
Cuatro momentos que nos recuerdan que una venta rara vez comienza cuando alguien saca la tarjeta.
Muchas veces comienza mucho antes: en el instante en que una persona escucha tu nombre por primera vez y piensa: “Quizás esta marca pueda ayudarme.”