Redacción / Grupo Cantón
El crecimiento inmobiliario y turístico transformó a Tulum, pero el aumento en vivienda y servicios dificulta que muchas familias locales permanezcan en el municipio.
Tulum.- Por años, Tulum fue sinónimo de tranquilidad, comunidad y naturaleza. Hoy, ese mismo destino que conquistó al turismo internacional enfrenta una realidad distinta: para cientos de familias originarias, permanecer en el municipio se ha convertido en un desafío económico.
Mientras el desarrollo inmobiliario disparó el precio de la vivienda y elevó el costo de vida, los salarios no crecieron al mismo ritmo.
Paradójicamente, en medio de una desaceleración turística, muchos comercios permanecen vacíos, hoteles registran menor ocupación y cada vez más habitantes se preguntan si todavía vale la pena quedarse.
Hace apenas dos décadas, recorrer Tulum significaba caminar por calles de arena, saludar a todos por su nombre y llegar a la playa en bicicleta en cuestión de minutos. La economía giraba alrededor de la pesca, pequeños comercios y un turismo de bajo impacto.
Sin embargo, el auge internacional transformó al municipio en uno de los mercados inmobiliarios más atractivos del país, detonando una urbanización acelerada que modificó el paisaje y también la vida cotidiana de quienes nacieron aquí.
De acuerdo con Data México, la población de Tulum pasó de poco más de 28 mil habitantes en 2010 a 46 mil 721 en 2020, un crecimiento superior al 65 por ciento en una década, uno de los más acelerados registrados en México.
Este incremento poblacional estuvo acompañado de miles de nuevos desarrollos habitacionales, hoteles boutique y condominios dirigidos principalmente al mercado extranjero.
Crecimiento turístico, pero con desigualdad
Sin embargo, el crecimiento económico no benefició por igual a toda la población.
Según datos de Data México, el salario promedio mensual en Quintana Roo ronda los 9 mil 200 pesos, mientras que la renta de un departamento en Tulum puede superar fácilmente los 12 mil o 15 mil pesos mensuales, aunque actualmente algunos precios comienzan a ajustarse ante los cambios en la demanda.
Esta situación ha obligado a muchas familias a compartir vivienda o trasladarse hacia comunidades cercanas como Macario Gómez, Francisco Uh May, Chemuyil e incluso Playa del Carmen, con el objetivo de reducir gastos.
“Antes pagábamos tres mil pesos de renta; hoy el dueño nos pidió ocho mil. Simplemente ya no pudimos seguir ahí”, relata doña María Chan, habitante con más de cinco años en Tulum.
La mujer explica que junto con sus hijos decidió mudarse a las afueras del municipio, desde donde ahora invierte casi dos horas diarias en transporte para llegar a su trabajo.
Historias similares se repiten entre trabajadores hoteleros, meseros, cocineros, artesanos y empleados de comercios. Aunque muchos laboran en hoteles de lujo o restaurantes exclusivos, sus ingresos apenas alcanzan para cubrir alimentación, transporte y servicios básicos.
“La mayoría de mis compañeros ya no vive en Tulum. Todos vienen de comunidades cercanas porque aquí ya es imposible pagar una casa”, comenta Luis Hernández, empleado del sector turístico desde hace quince años.
Una identidad transformada por el turismo
Para muchos habitantes, Tulum dejó de ser el pequeño pueblo donde todos se conocían.
“Las fiestas tradicionales siguen existiendo, pero ya no tienen la misma participación. Mucha gente que era del pueblo se fue porque no pudo seguir viviendo aquí”, comenta José Canul, comerciante establecido desde hace más de dos décadas.
La transformación también modificó la dinámica social.
El aumento de la población flotante, la llegada constante de extranjeros y trabajadores temporales generaron una comunidad más diversa, pero también más fragmentada.
La paradoja del destino turístico
El mismo modelo que impulsó el crecimiento económico hoy enfrenta señales de desgaste.
Durante los últimos meses, empresarios, hoteleros y comerciantes han reportado una disminución en la llegada de visitantes, caída en reservaciones y cierre de establecimientos.
La sobreoferta de hospedaje, el incremento de precios, el sargazo, la inflación y la competencia entre miles de alojamientos han reducido la rentabilidad del destino.
En el centro de Tulum ya es común observar locales vacíos con anuncios de renta, hoteles ofreciendo promociones permanentes y restaurantes con menor flujo de clientes durante la temporada baja.
Para el economista Carlos Serrano, consultor en desarrollo regional, el caso de Tulum refleja un fenómeno observado en otros destinos turísticos internacionales.
“Cuando el precio del suelo crece más rápido que los salarios, la población local termina desplazándose. Eso modifica la estructura social del municipio y genera desigualdad, incluso cuando aparentemente existe crecimiento económico”, señaló.
El reto de recuperar el equilibrio
Especialistas coinciden en que el principal desafío para Tulum será encontrar un equilibrio entre el desarrollo turístico y el bienestar de quienes sostienen diariamente la economía local.
La construcción de vivienda accesible, una mejor planeación urbana, transporte público eficiente y políticas que permitan conservar la identidad cultural aparecen como algunos de los retos más urgentes.
Porque detrás de los hoteles de lujo, las playas de arena blanca y los desarrollos millonarios persiste una realidad poco visible: la de cientos de familias que crecieron en Tulum y que hoy luchan por permanecer en el lugar donde nacieron.
El paraíso continúa atrayendo visitantes de todo el mundo, pero para muchos de sus habitantes originales, vivir en él se ha convertido en un lujo cada vez más difícil de costear.