Angel Canul, Manuel Chan / Grupo Cantón
Productores de Lázaro Cárdenas y Felipe Carrillo Puerto buscan abrirse paso en el mercado turístico, pero la baja capacidad de abastecimiento y la falta de cadenas de valor siguen limitando su participación.
Quintana Roo.- Quintana Roo recibe cada año millones de turistas y cuenta con una de las industrias hoteleras más importantes del país. Sin embargo, gran parte de los alimentos, artesanías y productos que consumen los visitantes continúa llegando de otras regiones, mientras productores mayas y campesinos del estado enfrentan dificultades para integrarse como proveedores permanentes del sector turístico.
Aunque municipios como Lázaro Cárdenas y Felipe Carrillo Puerto cuentan con una importante producción agrícola y artesanal, especialistas y representantes del sector coinciden en que aún existen obstáculos que impiden aprovechar plenamente ese mercado.
En Lázaro Cárdenas, los productores reconocen que actualmente no existe la capacidad suficiente para garantizar entregas constantes a los hoteles de Holbox, Cancún o la Riviera Maya.
El presidente del Comisariado Ejidal de Kantunilkín, José Fidel Pool Cauich, explicó que la mayor parte de las cosechas se comercializa dentro del municipio o mediante intermediarios que trasladan los productos hacia otros mercados.
El principal reto, señaló, es que los complejos hoteleros requieren proveedores capaces de mantener un suministro permanente durante todo el año, con volúmenes definidos y estándares de calidad constantes.
“Para atender a un hotel se necesita contar con producción fija y constante. Hoy en día no existe en el municipio un productor que tenga el nivel suficiente para cumplir con ese compromiso de forma permanente“, explicó.
Hace algunos años existieron proyectos agrícolas de mayor escala, como la producción de papaya Maradol que abastecía mercados de Cancún e incluso de la Ciudad de México; sin embargo, esas iniciativas desaparecieron con el paso del tiempo debido al abandono de parcelas, el relevo generacional y la falta de continuidad en las organizaciones de productores.
Actualmente, la mayor parte de la producción agrícola se destina al consumo local.
El talento maya busca nuevos mercados
La realidad es distinta, pero con retos similares, en Felipe Carrillo Puerto.
En este municipio, decenas de comunidades mantienen viva una amplia producción de pitahaya, piña, miel, hortalizas, bordados, cestería y otras expresiones del arte popular maya.
Sin embargo, la comercialización continúa dependiendo, en muchos casos, del esfuerzo individual de los propios productores, quienes buscan compradores sin contar con una red sólida de distribución.
Ante este panorama surgieron iniciativas como la red de turismo comunitario Ik Lu’um, que busca fortalecer las cadenas de valor y acercar directamente a visitantes nacionales y extranjeros con las comunidades productoras.
Su coordinador en Tihosuco, Felipe Dzidz, explicó que el objetivo no es únicamente vender un producto, sino generar beneficios colectivos para las comunidades.
“Lo que buscamos es que los productos puedan adquirirse dentro de las propias comunidades, para que la derrama económica permanezca ahí y beneficie a más familias“, comentó.
Del campo al turismo, una oportunidad pendiente
Además de promover la venta directa, la red trabaja con agencias de viaje, operadores turísticos y participa en ferias nacionales para posicionar los productos elaborados por comunidades mayas.
La estrategia también busca que quienes visitan Quintana Roo conozcan la historia, gastronomía, cultura y tradiciones de los pueblos, convirtiendo la experiencia turística en una oportunidad para fortalecer la economía local.
Mientras algunos artesanos ya logran colocar bordados, cestería y plantas ornamentales en hoteles de la Riviera Maya y Cancún, estos casos todavía representan excepciones.
El reto es construir una verdadera proveeduría local
Autoridades agrícolas y representantes comunitarios coinciden en que el potencial existe, pero aún hace falta fortalecer la organización entre productores, incrementar la capacidad de producción y consolidar cadenas de suministro que permitan competir con proveedores nacionales.
En un estado donde el turismo genera una de las mayores derramas económicas del país, el desafío sigue siendo conectar esa demanda con la riqueza agrícola, artesanal y cultural que producen las comunidades mayas de Quintana Roo.