Redacción / Grupo Cantón
Detrás del maquillaje y las carcajadas, los payasos de Cancún tienen historias de esfuerzo y pasión por un oficio dedicado a regalar alegría.
CANCÚN.— En Cancún hay quienes trabajan bajo el sol, otros detrás de un escritorio y algunos que, para ganarse la vida, tienen que ponerse una nariz roja, pintarse una sonrisa y hacer reír hasta al más serio.
Son los payasos, personajes que convierten cualquier tropiezo en un chiste y cualquier reunión en una fiesta.
En el marco del Día Internacional del Payaso, detrás de las pelucas, los colores y las carcajadas existe un mundo de esfuerzo, sacrificios y pasión por un oficio que tiene una misión sencilla, pero nada fácil: regalar alegría, aunque el día no siempre ofrezca motivos para sonreír.
Historias y personajes de la comedia en Cancún
Entre los rostros conocidos está Humberto Betazos, mejor identificado como Patas Largas.
Es originario de Veracruz y cuenta con más de 17 años de trayectoria. Su carisma y su historia de superación le han permitido convertir situaciones cotidianas en momentos de comedia.
También está Luis Reina, conocido como Chorepas, quien encabeza la Asociación de Payasos en Cancún. La agrupación reúne a más de un centenar de artistas.
Por su parte, Tamborín ha llevado su talento a escenarios como el Foro de la Infancia y a encuentros nacionales de esta especialidad.
Chispa invita al público a participar en sus espectáculos en espacios populares. Mientras tanto, Cherry y Muñequito, integrantes de Los Payaflows, llevan sus ocurrencias a fiestas infantiles y eventos privados. A ellos se suma Papirrin, quien lo mismo anima un baby shower que hace reír a los adultos.
Detrás del maquillaje también hay esfuerzo
En el tradicional Parque de las Palapas también aparece el payaso It, un personaje que ha ganado popularidad por el ambiente que genera entre quienes disfrutan de sus ocurrencias.
Cada uno tiene su propio estilo, pero todos comparten el mismo talento: conseguir que, por unos minutos, las personas olviden sus preocupaciones.
Detrás de cada carcajada también hay jornadas de trabajo, familias que mantener y artistas que, como cualquier persona, tienen días buenos y malos.
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Al final, cuando termina la función, se quitan el maquillaje, guardan la nariz y vuelven a casa. Sin embargo, se llevan algo que no cabe en ninguna maleta: la satisfacción de haber hecho feliz a alguien.
Porque en Cancún, entre las prisas, el tráfico y el calor, nunca está de más que alguien nos recuerde que reír también es cosa seria.

