Redacción / Grupo Cantón
El panteón ejidal de Alfredo V. Bonfil destaca por sus mausoleos equipados como viviendas, una tradición vinculada con las raíces norteñas de algunas familias de la comunidad.
Cancún.— A primera vista, algunas construcciones del panteón ejidal de Alfredo V. Bonfil parecen pequeñas viviendas. Sin embargo, son mausoleos donde las familias han llevado las comodidades del hogar hasta el lugar de descanso de sus seres queridos. Baños, muebles, televisores, asadores y aires acondicionados forman parte de estas edificaciones, conocidas popularmente como el “Infonavit” de los muertos.
Además, el camposanto destaca por sus construcciones de grandes dimensiones. Estas contrastan con las tumbas tradicionales y despiertan la curiosidad de quienes visitan el lugar.
Una tradición ligada a las raíces norteñas de Bonfil
Josué Armando González Vázquez, exdelegado de Bonfil y actual coordinador de delegaciones municipales, explicó el origen de esta costumbre. Según señaló, está relacionada con las tradiciones de las familias que poblaron la comunidad, muchas de ellas procedentes del norte del país.
Entre los lugares de origen de estos habitantes figuran Durango, Coahuila, Sinaloa, Sonora y Tamaulipas. De acuerdo con González Vázquez, en esas regiones existen cementerios con terrenos amplios y construcciones monumentales. Por ello, esa tradición también se refleja en Bonfil.
“Se cree que quieren que vivan la vida que tenían antes y por eso se hacen las casas, por decirlo así, en donde están los ataúdes”, comentó.
Como resultado, algunas sepulturas cuentan con habitaciones y diversos servicios. Así, los familiares pueden permanecer cómodamente durante sus visitas. En ocasiones, incluso comparten alimentos y escuchan música de banda o grupos norteños para recordar a sus difuntos.
Un cementerio abierto durante la madrugada
Otra característica del panteón es que permanece abierto para facilitar el acceso de las familias. Esto permite que los visitantes acudan incluso durante la madrugada.
González Vázquez explicó que algunas personas acostumbran visitar a sus seres queridos a las tres o cuatro de la mañana. Además, señaló que pueden ingresar sin encontrar cadenas ni barreras.
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“Nosotros tenemos la creencia de que está abierto, igual porque toda la gente quiere llegar a las tres o cuatro de la mañana a sus difuntos y pasarlos a ver; pasan libremente, no hay nadie que se los impida”, expresó.
De esta manera, las visitas pueden prolongarse durante varias horas. A diferencia de quienes solo llevan flores o limpian una lápida, algunas familias aprovechan los mausoleos para convivir y recordar a sus seres queridos.
Mausoleos con inversiones de hasta 400 mil pesos
El tamaño de estas construcciones también refleja la inversión de algunas familias. En el cementerio hay alrededor de 120 tumbas de distintos tamaños. Los terrenos miden cinco por 10 metros, cinco por 20 y hasta 10 por 10 metros.
Los espacios pueden costar hasta 150 mil pesos. Sin embargo, al sumar los gastos de construcción, la inversión total puede alcanzar entre 350 mil y 400 mil pesos, según los datos proporcionados.
Rumores sobre las tumbas y la realidad de las familias
La apariencia de los mausoleos ha generado rumores y leyendas urbanas. Algunas versiones los relacionan con familias presuntamente vinculadas a actividades ilícitas. No obstante, González Vázquez sostuvo que esos casos serían mínimos.
Además, atribuyó parte de esa percepción a la imagen que tuvo Bonfil en el pasado por la presencia de la delincuencia. El exdelegado también señaló que entre los propietarios de estos mausoleos hay ejidatarios con recursos suficientes para construirlos.
Por esta razón, consideró que no debe juzgarse a las familias por la apariencia de sus tumbas ni generalizar sobre sus actividades.
En el sur de Quintana Roo también hay sepulturas similares, específicamente en el ejido Sergio Butrón Casas. Sin embargo, González Vázquez indicó que son menos numerosas que las de Alfredo V. Bonfil.
Así, este camposanto conserva una tradición vinculada con las raíces norteñas de sus habitantes. Entre habitaciones, muebles y aparatos eléctricos, algunas familias mantienen el vínculo con sus seres queridos de una manera particular. En Bonfil, ciertas tumbas parecen casas y las visitas pueden durar horas, lejos de la imagen habitual de un panteón.

