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noviembre 08, 2026

Niñez sin familia: el desafío de la adopción en Quintana Roo

Quintana Roo

Niñez sin familia: el desafío de la adopción en Quintana Roo

Manuel Baeza / Grupo Cantón 

Cientos de niñas, niños y adolescentes permanecen bajo resguardo en Quintana Roo. Los procesos jurídicos, la preferencia por menores pequeños y las dificultades para adoptar

CANCÚN.– Crecer sin una familia representa una realidad que pocas veces ocupa la atención pública, pero que cientos de niñas, niños y adolescentes enfrentan en Quintana Roo. Detrás de las puertas de las casas hogar existen historias de abandono, violencia, maltrato y separación familiar. También hay infancias y adolescencias marcadas por la esperanza de encontrar un hogar y la incertidumbre de no saber cuándo podrán salir de una institución.

En el marco del Día Mundial de la Adopción, que se conmemora cada 9 de noviembre, esta problemática vuelve a poner sobre la mesa el derecho de la niñez a crecer en un entorno familiar. También expone las dificultades que enfrenta el sistema de protección para garantizar ese derecho.

De acuerdo con información difundida en noviembre de 2025, Quintana Roo tenía 328 niñas, niños y adolescentes bajo resguardo en Centros de Asistencia Social (CAS). De ellos, 302 se encontraban en albergues públicos operados por el Sistema DIF y 26 en instituciones privadas.

La población comprende desde recién nacidos hasta adolescentes próximos a cumplir 18 años. Entre los espacios de atención se encuentra la Casa Hogar Ciudad de las Niñas, Niños y Adolescentes, en Chetumal, donde en ese reporte se informó sobre la atención de 81 menores.

Aunque estas cifras corresponden a un corte informativo anterior, permiten dimensionar la magnitud del problema. La situación no se limita a la falta de familias interesadas en adoptar. También involucra procedimientos jurídicos, condiciones de vulnerabilidad y barreras sociales que afectan, en particular, a los menores de mayor edad.

No todos son huérfanos: las historias detrás de las casas hogar

Una de las primeras realidades que deben entenderse es que vivir en una casa hogar no significa necesariamente ser huérfano.

Muchos de estos menores tienen padres biológicos, abuelos, tíos u otros familiares. Sin embargo, fueron separados de sus hogares por situaciones de violencia intrafamiliar, abandono, negligencia, abuso u otras circunstancias que ponían en riesgo su integridad.

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Por ello, antes de considerar una adopción, las autoridades deben investigar si existe una red familiar que pueda hacerse cargo de ellos. También deben determinar si es posible una reintegración segura.

La institucionalización representa una medida de protección que debería ser temporal. Sin embargo, cuando los procedimientos judiciales se prolongan, algunos menores pasan varios años bajo resguardo, mientras esperan que se defina su situación jurídica.

Vivir en un albergue no significa poder ser adoptado

Uno de los principales obstáculos es que no todos los menores institucionalizados se encuentran legalmente en condiciones de ser adoptados.

En información difundida durante 2026 se reportó que 28 niñas, niños y adolescentes contaban con la condición jurídica de susceptibles de adopción, mientras que otros 26 permanecían en procesos de liberación jurídica.

La diferencia es importante. Las autoridades deben resolver primero la situación de los padres de origen y agotar las posibilidades de reintegración familiar. Cuando corresponde, también deben obtener una resolución judicial que permita declarar al menor susceptible de adopción.

Este procedimiento puede prolongarse durante meses e incluso años, dependiendo de las circunstancias de cada expediente.

Así, mientras algunos menores consiguen regresar con sus familiares o integrarse a un nuevo hogar, otros continúan creciendo en instituciones sin tener certeza sobre su futuro.

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Más solicitudes que adopciones concretadas

El interés por adoptar tampoco se traduce necesariamente en un mayor número de menores integrados a nuevas familias.

En un balance publicado el 22 de noviembre de 2025, la Procuraduría de Protección de Niñas, Niños, Adolescentes y la Familia informó que, desde 2022, se habían formalizado 61 adopciones en Quintana Roo.

De ese total, 24 correspondieron a menores que se encontraban bajo resguardo institucional del DIF. Las otras 37 fueron adopciones familiares, mediante las cuales familiares o personas con vínculos afectivos previos formalizaron legalmente la relación con los menores.

En ese mismo reporte se indicó que el sistema recibía poco más de 100 solicitudes de adopción al año, aunque no todas concluían satisfactoriamente.

Por otra parte, el Cuarto Informe de Gobierno, correspondiente al periodo de julio de 2025 a junio de 2026, registró 24 procesos de adopción plena ante juzgados familiares. Esta cifra corresponde a un periodo de gestión distinto y no debe confundirse con el acumulado de adopciones institucionales reportado anteriormente.

Adolescentes, los menos buscados

Uno de los aspectos más sensibles de esta problemática es la preferencia de los solicitantes por adoptar bebés y menores de entre cero y cinco años.

Esta tendencia deja en desventaja a quienes ya superaron la primera infancia. Conforme aumenta su edad, disminuyen sus posibilidades de encontrar una familia interesada.

Los adolescentes también enfrentan prejuicios relacionados con sus antecedentes familiares, las experiencias de violencia que pudieron haber vivido o la idea equivocada de que necesariamente presentan problemas de conducta.

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Sin embargo, haber crecido en una casa hogar no define su personalidad ni determina su futuro.

A esta situación se suma la necesidad de preservar los vínculos entre hermanos. Cerca de la mitad de los menores que ingresan a estos espacios lo hacen acompañados de uno o varios hermanos, por lo que las autoridades procuran evitar su separación.

Encontrar una familia dispuesta a adoptar a tres o cuatro hermanos, particularmente cuando entre ellos hay adolescentes, representa un desafío adicional.

Cumplir 18 años sin una familia

Para quienes no consiguen ser adoptados, el paso del tiempo representa una preocupación todavía mayor.

Al cumplir la mayoría de edad deben egresar de las instituciones públicas y comenzar una etapa de independencia que no siempre llega acompañada de las condiciones necesarias.

Ante esta realidad, el DIF Quintana Roo contempla programas de preparación para la vida independiente. Estos incluyen talleres de artes, oficios y educación financiera, con el propósito de proporcionarles herramientas para desenvolverse en la vida adulta.

Sin embargo, la preparación institucional no sustituye el respaldo que puede representar una familia: alguien a quien acudir ante una emergencia, que acompañe sus decisiones, celebre sus logros o brinde apoyo cuando las circunstancias se complican.

Por ello, el egreso de una casa hogar constituye uno de los momentos más delicados para quienes han pasado buena parte de su vida sin una red familiar estable.

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La orfandad, una realidad difícil de cuantificar

En Quintana Roo tampoco existe un registro público que permita establecer con precisión cuántos menores son huérfanos, es decir, cuántos han perdido a ambos padres.

Las estadísticas de asistencia social suelen agrupar a niñas, niños y adolescentes bajo categorías generales de vulnerabilidad, desamparo o situación de riesgo. Por ello, no siempre distinguen las causas que originaron su condición.

Entre las problemáticas que afectan a la infancia en municipios como Benito Juárez y Solidaridad se encuentran la violencia intrafamiliar, el abandono, los casos de maltrato y las condiciones de pobreza extrema que pueden comprometer el cuidado de los menores.

También se han registrado casos de abandono de bebés, una de las expresiones más graves de vulnerabilidad infantil.

El derecho a crecer en familia

Quintana Roo cuenta con un Juzgado Familiar de Primera Instancia Especializado en Adopción, creado en noviembre de 2024. Su propósito es concentrar la atención de estos procedimientos y agilizar las resoluciones judiciales.

Sin embargo, el desafío no se limita a mejorar los tiempos legales. También implica cambiar la percepción social sobre la adopción y ampliar las posibilidades para niñas y niños mayores de cinco años, adolescentes y grupos de hermanos.

El Día Mundial de la Adopción representa una oportunidad para recordar que crecer en familia es un derecho de la infancia, no un privilegio reservado para quienes tienen la posibilidad de permanecer con sus padres biológicos.

Detrás de cada expediente existe una persona con sueños, necesidades afectivas y derecho a construir su propio proyecto de vida.

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Porque mientras para una familia la adopción puede significar el inicio de una nueva historia, para una niña, un niño o un adolescente puede representar algo mucho más profundo: dejar de esperar, tener un lugar al cual pertenecer y saber que no tendrá que enfrentar solo el resto de su vida.

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