Jocelyn Díaz / Grupo Cantón
Durante cuatro días, miles de familias y visitantes disfrutaron de procesiones, catrinas, altares, gastronomía y expresiones artísticas en Puerto Juárez.
Cancún.- Entre aromas de pib, pan de muerto y platillos tradicionales, música y coloridas catrinas, Puerto Juárez vivió cuatro días de celebración con el Janal Pixán 2026.
La fiesta convocó a miles de familias, visitantes nacionales y extranjeros para compartir una de las expresiones más entrañables de la cultura mexicana: el Día de Muertos.
A cinco años de su primera edición, esta celebración se ha convertido en un referente de la agenda cultural de Cancún. Su propósito es recuperar el sentido de una tradición que encuentra sus raíces en la cosmovisión de los pueblos originarios y en el encuentro de las prácticas prehispánicas con las festividades religiosas del calendario católico.
El Día de Muertos forma parte del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad reconocido por la UNESCO.
Puerto Juárez se llena de música, color y tradición
La avenida principal de Puerto Juárez se transformó en un corredor de aromas, colores y expresiones culturales. Desde el Puerto de los Suspiros, ubicado en el muelle de la calle 45, comenzó el recorrido con El camino de los abuelos, una representación escénica que reunió el talento de cinco compañías municipales: Teatro, Coro, Ballet Folclórico, Orquesta de Cámara y Coro Infantil.
La propuesta estuvo a cargo de Saúl Enríquez, responsable de la dramaturgia y dirección. A través de esta puesta en escena, el público pudo acercarse a las raíces y los simbolismos de la celebración.
La procesión marítima añadió un momento especial al programa. En ella, el recuerdo de quienes forman parte de la memoria familiar y colectiva llegó hasta el mar. Después, la procesión de catrinas, encabezada por la música de la banda La Caribeña, reunió a cientos de asistentes que recorrieron la avenida entre altares, puestos gastronómicos y escenarios artísticos.
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Uno de los momentos más esperados fue el desfile y concurso de más de 40 catrinas. Las participantes sorprendieron con caracterizaciones, vestuarios y propuestas creativas que reflejaron horas de trabajo, dedicación e inversión. Cada representación aportó una interpretación propia de esta figura emblemática de la cultura popular mexicana.
Altares, gastronomía y expresiones culturales
Los altares instalados por distintas dependencias del Ayuntamiento de Benito Juárez también se convirtieron en puntos de encuentro. Algunos incorporaron elementos interactivos y dinámicas para que las familias conocieran sus significados y compartieran fotografías.
Además, los asistentes tuvieron la oportunidad de escribir mensajes para sus seres queridos fallecidos y acercarse a los elementos que dan sentido a las ofrendas.
La gastronomía tuvo un papel protagónico. El pib, los salbutes, el pan de muerto y el tradicional chilate formaron parte de la oferta de alimentos. Mientras tanto, artistas locales llenaron de música y baile el escenario principal, lo que mantuvo el ambiente festivo durante las jornadas.
La celebración también mostró el alcance que han adquirido estas tradiciones más allá de nuestras fronteras. Entre los asistentes hubo visitantes extranjeros que recorrieron los altares vestidos de catrines y catrinas. Algunos incluso acudieron acompañados de sus mascotas, también caracterizadas para la ocasión. Estas escenas reflejaron el interés que despierta el patrimonio cultural mexicano entre personas de distintas partes del mundo.
Una celebración que fortalece la identidad
Detrás de esta celebración destacó el trabajo de organización y logística del Instituto de la Cultura y las Artes de Benito Juárez. También fue fundamental la participación de artistas, dependencias municipales, artesanos, comerciantes y talentos locales.
Un año más, el Janal Pixán deja una imagen significativa: familias enteras compartiendo una tradición, niñas y niños descubriendo el significado de los altares y visitantes de otras culturas acercándose a una celebración que forma parte de nuestra identidad.
Puerto Juárez volvió a convertirse en un punto de encuentro para honrar la memoria, celebrar las raíces y demostrar que las tradiciones permanecen vivas cuando se comparten, se enseñan y se transmiten de generación en generación.

