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mayo 17, 2026

Voces

El poder del turismo de fe

Esta semana, Cancún fue sede del Simposio Internacional de Libertad Religiosa, un encuentro que reunió a especialistas de México, Centroamérica y Estados Unidos para dialogar sobre un tema que pocas veces se coloca en la agenda pública: el impacto social y económico de la libertad de creencias.

Fue un espacio para reflexionar sobre cómo la libertad religiosa fortalece la paz social, la convivencia democrática, la dignidad de las personas y el desarrollo económico de un Estado.

Hablar de libertad religiosa no es violentar el principio de laicidad. Al contrario, la laicidad es la obligación de un Estado de garantizar la libertad de creencias como un derecho humano; no impone una religión, sino que asegura el respeto y la no discriminación, fomentando así un ambiente de paz.

En Quintana Roo hay registradas cerca de 155 asociaciones religiosas y más de 2,500 iglesias. La diversidad religiosa es parte de nuestra identidad.

Somos un estado formado por personas que llegaron de distintas partes del país y del mundo buscando oportunidades y paz. Esa pluralidad debe convertirse en nuestra mayor fortaleza social.

El potencial económico es enorme. Quintana Roo recibió 16.48 millones de turistas de enero a octubre de 2025; de ellos, 63.7% fueron extranjeros y 36.3% nacionales. Con esas cifras, cualquier agenda de convivencia y paz impacta directamente en la imagen pública del destino.

El mundo ya entendió el valor del turismo religioso. Cada año, entre 300 y 330 millones de personas visitan los principales sitios religiosos del planeta, según la Organización Mundial del Turismo. Además, el mercado global del turismo religioso alcanzó un valor de 324 mil millones de dólares en 2025.

En México, el sector ya representa una derrama económica significativa: 20 mil millones de pesos anuales por turismo religioso, movilizando a más de 40 millones de peregrinos cada año.

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La Semana Santa, por ejemplo, deja una derrama superior a los 300 mil millones de pesos en todo el país, impulsada en buena parte por esta actividad.

El turismo religioso y espiritual no sustituye al turismo de sol y playa: lo complementa, diversifica la oferta y puede llevar beneficios a comunidades, centros históricos, templos, santuarios y espacios de encuentro espiritual. En Quintana Roo, ese potencial ya es una realidad.

La Diócesis de Cancún-Chetumal ha impulsado un circuito de turismo religioso que incluye:

● El Santuario de la Virgen Desatadora de Nudos, en Cancún, recibe más de un millón de visitantes al año.
● La remodelación de la Catedral de Cancún fortalecerá la identidad espiritual del destino.
● El Santuario del Padre Pío, en la zona continental de Isla Mujeres, se consolida como punto de encuentro para los fieles.

Además, en Playa del Carmen se construye la primera mezquita suní de México, lo que abrirá las puertas al turismo religioso musulmán.

Asimismo, el turismo nacional e internacional de grupos y eventos de la iglesia evangélica cristiana ha encontrado en Cancún un punto de encuentro para congresos y actividades de gran escala.

Para consolidar este potencial, Quintana Roo necesita un marco normativo, coordinación institucional e infraestructura adecuada. Iglesias, templos, oratorios, centros comunitarios y rutas culturales deben ser parte del desarrollo turístico y social.

Actualmente, en todos los municipios del estado existe una dirección de asuntos religiosos. Sin embargo, dentro del cuerpo del Cabildo, solo en Cozumel existe una comisión de asuntos religiosos. Por ello, desde el Congreso del estado debemos impulsar reformas a la Ley de los Municipios para que esta comisión exista en los once municipios, dando visibilidad y presupuesto a un tema que impacta directamente en la paz social y la convivencia comunitaria.

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Hoy enfrentamos un nuevo escenario tecnológico: la desinformación digital y los mensajes de intolerancia pueden propagarse en segundos. Por eso necesitamos instituciones más preventivas, más cercanas y más humanas.

Legislar para la convivencia pacífica no significa imponer creencias. Significa garantizar que todas las personas puedan ejercer las suyas con respeto, seguridad y dignidad, y que los líderes religiosos sean reconocidos como actores estratégicos para la construcción de paz. Por ello, son grandes aliados y, en Quintana Roo, la gobernadora Mara Lezama ha entendido esa visión al firmar el nuevo Acuerdo por el Bienestar y la Tolerancia Religiosa.

Hoy todas y todos tenemos el gran reto de entender que defender la libertad religiosa como derecho humano es una herramienta de poder que detona el desarrollo social y económico de cualquier estado o país.

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