El 8 de marzo no nació como una celebración. Nació como una protesta.
En 1908, más de un centenar de trabajadoras textiles murieron en una fábrica en Nueva York después de exigir jornadas dignas y salarios justos. Aquel hecho marcó el inicio de un movimiento global que décadas después sería reconocido por la ONU en 1975 como el Día Internacional de la Mujer. Desde entonces, cada 8 de marzo es un recordatorio de lucha, memoria y transformación.
México ha sido parte de esa historia.
Desde las soldaderas de la Revolución Mexicana, pasando por las maestras rurales que alfabetizaron al país, hasta las científicas, empresarias y legisladoras de hoy, las mujeres han sido protagonistas silenciosas de la construcción nacional. Durante generaciones, han sostenido comunidades, economías familiares y estructuras sociales enteras, muchas veces sin reconocimiento institucional.
Por eso cuando la Presidenta Claudia Sheinbaum afirma que “las mujeres mexicanas somos tejedoras de la patria”, no habla en metáfora: habla en historia.
Las mujeres hemos tejido este país con trabajo, con inteligencia y con resistencia.
Hoy México vive un momento profundamente simbólico y transformador. Por primera vez en más de dos siglos de vida republicana, una mujer encabeza el Poder Ejecutivo federal. Este hecho no es casualidad ni concesión: es el resultado de décadas de lucha social, reformas institucionales y una transformación cultural que hoy permite que el talento femenino gobierne con visión de futuro.
Los datos son claros.
México se encuentra entre los países con mayor representación femenina en el Congreso, con más del 50% de legisladoras en ambas cámaras. Sin embargo, los retos persisten: según INEGI, 7 de cada 10 mujeres mexicanas han enfrentado algún tipo de violencia a lo largo de su vida, y la brecha salarial aún ronda entre 12% y 18% dependiendo del sector.
La igualdad, por tanto, sigue siendo una tarea en construcción.
Por ello, el gobierno encabezado por la Presidenta Sheinbaum ha impulsado políticas públicas que buscan transformar las condiciones estructurales que enfrentan las mujeres. Programas como la Cartilla de Derechos de las Mujeres, los Centros LIBRE de atención integral, el fortalecimiento del Sistema Nacional de Cuidados y la Pensión Mujeres Bienestar reflejan un cambio de enfoque: pasar del reconocimiento simbólico a la garantía efectiva de derechos.
No se trata solo de visibilizar el papel de las mujeres en la sociedad; se trata de construir instituciones que garanticen igualdad real de oportunidades.
En Quintana Roo, esta transformación también tiene rostro propio. La gobernadora Mara Lezama ha impulsado una agenda con perspectiva social y de género que busca cerrar brechas históricas y abrir oportunidades para miles de mujeres en el estado. Su mensaje es claro: las mujeres ya no estamos esperando nuestro momento; estamos construyéndolo.
Desde el Congreso del Estado, esa convicción guía nuestro trabajo legislativo. Cada iniciativa que impulsamos busca fortalecer el acceso a la justicia, proteger a quienes más lo necesitan y garantizar que ninguna mujer quede fuera del desarrollo.
Porque la igualdad no se decreta: se construye.
Se construye ley por ley, política pública por política pública, generación tras generación.
Hoy, en este 8 de marzo, recordamos a quienes abrieron camino cuando todo era más difícil. A las que lucharon cuando el sistema las ignoraba. A las que resistieron cuando el silencio parecía obligatorio.
Ellas tejieron los primeros hilos.
A nosotras nos corresponde seguir bordando el futuro.
Porque cuando las mujeres avanzan, México avanza con ellas.
COLUMNA PAOLA MORENO

