Liberar la cárcel de Chetumal…

Fuimos, por mucho tiempo, el hazmerreír en las reuniones de política carcelaria nacional. Ejemplo incuestionable de la corrupción.

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Fuimos, por mucho tiempo, el hazmerreír en las reuniones de política carcelaria nacional. Ejemplo incuestionable de la corrupción. Y, sobre todo, de la infinita complicidad de las autoridades con los delincuentes.

Esto porque cuando, en el sexenio pasado, se había conseguido trasladar de la cárcel de Chetumal al “líder” del mal llamado “autocontrol”, es decir, al prisionero que dominaba todos los negocios ilícitos, que imponía castigos a otros presos, que “daba órdenes” a los policías. Fue el propio secretario de Seguridad Pública del estado, el general Bibiano Villa quien intentó, desesperadamente, “rescatarlo”.

Gracias al piloto del avión, de Interjet, que al llegar el general Villa se negó a que fuese bajado el prisionero, que viajaba con el entonces subsecretario Ricardo Tejeda, es que se logró su traslado a una cárcel federal.

Para que fuese el mismo Villa, asombro de asombros, quien firmase su regreso a Chetumal.

Junto con las historias de peleas de gallos, lagartos como mascotas, y total falta de reglamentos, esto significaba, al decir de las autoridades federales, el colmo de la vileza.
Y así anduvimos de boca en boca.

De ahí que resulte tan gratificante el operativo, obviamente ordenado por el gobernador Carlos Joaquín, que encabezó Rodolfo del Ángel para el traslado de quienes seguían “controlando” la cárcel de Chetumal. Una mafia que prostituía a las internas, vendía droga, celulares, instalaba restaurantes.

No fue fácil este traslado. Sin embargo, hay que reconocer que, con todo y los heridos, policías e internos, hubo un saldo blanco. Que hubo inteligencia y secrecía. Que se impuso la autoridad. Que se oye sencillo, pero no lo es.

Lo cierto es que el líder, bien apodado “el diablo”, estará ya instalado en una cárcel federal. Donde se habrá convertido, junto con sus secuaces, en un número vestido de beige, que no tendrá dinero, ni droga, ni mujeres, ni ningún control sobre los guardias.
Es decir, será lo que siempre debió ser: un preso más.

La seguridad de las cárceles federales es infinitamente superior a la que existe en cualquiera de Quintana Roo. Los reglamentos son tan severos que mejor no los enumeramos. De eso tratan las cárceles, o al menos en teoría así deberían ser, sitios de castigo y no lugares propicios para delinquir.

Celebremos que la cárcel de Chetumal ha sido liberada. Es un paso grande para el cambio.

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