La mejor declaración de Carlos Joaquin

El tema de los taxistas ha sido un verdadero dolor de cabeza para el gobierno que tiene como lema “cambio”

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El tema de los taxistas ha sido un verdadero dolor de cabeza para el gobierno que tiene como lema “cambio”, porque justamente se trata de un gremio que se niega a cambiar, a perder privilegios que rayan en lo ilegal. Y mantener su estatus terminaría por minar la fuerza moral del gobierno.

Los taxistas fueron usados por muchos sexenios, su “colaboración” con el PRI fue definitiva, e incluso se habló mucho de que su “participación activa” el día de la elección, a favor de Carlos Joaquín, ayudó a la derrota del PRI. Las placas de taxi fueron repartidas por los gobernadores en turno como premio o parte de la corrupción vigente. Era un negocio político y económico.

Para la población, esto se tradujo en precios altos y mal servicio. Con el agregado de que en muchas ocasiones los taxistas actúan como “narcomenudistas”, con todos los riesgos que esto implica.

Fueron, han sido hasta hace muy poco tiempo, intocables.

La decisión de Carlos Joaquín de llamar a una consulta popular, coincidente con el día de la elección, para ver si la ciudadanía (sobre todo de Cancún) quiere la entrada de UBER y otras plataformas digitales de transporte, es impecable. Ya no podrán hablar de una orden de gobierno, ni tampoco podrán hacer presión política contra el gobierno. Si se decide que, entre Uber, como todo lo indica, será el pueblo, la gente, la mayoría quien así lo decida.

Obvio los taxistas pusieron el grito en el cielo. Y se equivocaron. Pensaron que Carlos Joaquín se parecía a otros gobernadores. Grave error, porque se estrellaron contra pared. Sin importar que anunciarán que el día de la elección intentaran sabotear la votación, que no llevarán a la gente a votar, lo que además parecería ser un delito.

La declaración del gobernador, frente a las groseras amenazas de los taxistas, es definitiva. Marca un antes y un después en la manera de hacer política. Y es lo que mejor define a Carlos Joaquín.

Simplemente dijo, con toda su fuerza, que él vino a trabajar por la gente no a conseguir votos para ninguno… palabras más o menos, lo que quiso decir es que basta de chantajes, que él no está a cargo del triunfo de ningún candidato de ningún partido, y que su prioridad no son los candidatos sino la ciudadanía.

Es un “hasta aquí” del tamaño del sargazo que nos está llegando cada día. Una parada en seco a las majaderías de un gremio que ha recibido prebendas, dinero y, sobre todo, impunidad. Carlos Joaquín pintó su raya con estos negocios y consecuente utilización partidaria de los taxistas.

Es el inicio de un verdadero cambio. Y, si me apuran, lo que debe seguir es someter a los choferes de los taxis, como se vino urgiendo en todas las reuniones de seguridad de otros sexenios, a pruebas para quitar la licencia a quienes consuman drogas o manejen alcoholizados. Revisar su participación en el narcomenudeo…
Por lo pronto, un cacicazgo inmoral y corrupto está a punto de escribir su última página, por la decisión política del gobernador.

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