Entender el interés superior de niñas, niños y adolescentes no es repetir una frase bonita en tribunales. Es reconocer que cada decisión pública o privada que les afecta debe partir de su realidad, no de la comodidad del adulto.
Aún confundimos protección con control, y disciplina con violencia. Por eso siguen siendo “graves” los vacíos para aplicarlo: falta escucharles, falta ponderar su opinión según edad y madurez, y falta entender que no hay un solo modelo de familia ni de infancia.
El principio no es un cheque en blanco.
Obliga a evaluar caso por caso: ¿qué les daña menos?, ¿qué garantiza mejor su desarrollo integral?, ¿qué preserva su identidad, salud y educación?
En custodia, en procesos penales, en políticas educativas o en el entorno digital, el interés superior exige pruebas, no prejuicios.
No se protege encerrando; se protege acompañando. No se educa humillando; se educa poniendo límites con respeto.
México lo tiene en el artículo 4° constitucional y en la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes.
La Corte lo ha reiterado: es un derecho, un principio y una norma de procedimiento.
Pero en la práctica, todavía se decide “por su bien” sin preguntarles, o se les revictimiza en audiencias que no están diseñadas para su edad.
Queremos hacer una breve pausa para invitarlos al Instituto Pericial Judicial a conocer nuestra amplia oferta educativa en ciencias humanas, contamos con Preparatoria, Licenciaturas y
Maestrías, ofreciendo también diplomados.
Pueden visitarnos en Avenida José López Portillo casi esquina con Uxmal, a unos minutos del Crucero o pueden enviarnos un WhatsApp al (998) 303 6670.
La clave está en tres acciones concretas:
1) Capacitar a juzgadores, ministerios públicos y docentes para que argumenten por qué una medida es la que mejor realiza sus derechos.
2) Crear espacios seguros donde su voz sea escuchada sin coacción.
3) Medir el impacto real de las políticas en su vida diaria, no solo en el expediente.
Como dijo Janusz Korczak: “No hay niños, hay personas”.
Si de verdad lo creyéramos, dejaríamos de tutelar infancias y empezaríamos a garantizar ciudadanías. El interés superior no es compasión. Es justicia con rostro de niña y de niño. Y eso nos obliga a todos.

