Hay una forma de injusticia que es invisible, no aparece en las estadísticas oficiales, pero atraviesa la vida cotidiana de millones de mujeres: la injusticia de no ser creídas. Es decir, que nuestra palabra no vale solo por el hecho de ser mujer. A esto Miranda Fricker lo llama injusticia epistémica.
Fricker parte de que no todas las personas participan en igualdad de condiciones en el intercambio de saberes, pues las sociedades están atravesadas por relaciones de poder. Y en esas relaciones el género es una variable de opresión lo que lleva a que ser mujer sigue significando en muchos contextos, valer menos como fuente de verdad, es decir, la palabra de una mujer tiene menor valor de verdad que la de un hombre.
La injusticia testimonial ocurre cuando a alguien se le concede menos credibilidad de la que merece debido a prejuicios sobre su identidad. En el caso de las mujeres, estos prejuicios son bien conocidos: somos “emocionales”, “exageradas”, “subjetivas”, “conflictivas”, “chismosas”. El resultado es que nuestras palabras pesan menos. En tribunales, en consultorios médicos, en asambleas académicas, en la política y también en la intimidad. Esto porque nuestras conductas así como nuestros decires están estereotipados.
¿Pero qué daño puede hacer el hecho de que nuestra palabra no valga o valga menos? El daño que produce esta injusticia no es menor. Se trata de que esta situación lleva a que lo que dicen las mujeres acerca del mundo no es creíble o se pone en duda, se pierde la autoridad epistémica es decir, no somos confiables como sujetas de conocimiento.
Ejemplos de injusticia testimonial los encontramos en la historia, en la edad media y siglo XVII, en los tribunales de la inquisición en donde se presentaban mujeres acusadas de ejercer la brujería y a cuyos argumentos no se les daba ningún valor y eran quemadas en la hoguera o ahorcadas.
Un ejemplo actual es cuando una estudiante denuncia acoso sexual por parte de algún profesor y la directora o alguna autoridad no les cree, por el hecho de ser mujer y por los prejuicios de que lo puede estar “inventando” para perjudicar al docente.
El feminismo busca erradicar la injusticia epistémica por razón de que, si se invalida la palabra de las mujeres, se está cometiendo una injusticia social que nos afecta en la capacidad de ser sujetas cognoscentes, es decir, dignas de producir y comunicar conocimiento.
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