A más de cinco años de la creación de la Guardia Nacional,el balance en el Aeropuerto Internacional de Cancún es preocupante. Lo que se presentó como una solución terminó evidenciando fallas, omisiones y una clara incapacidad para imponer orden en uno de los puntos más importantes del país.
Desde la salida de la Policía Federal en 2019, no solo cambió el uniforme: se perdió experiencia en operación aeroportuaria. Hoy, las denuncias son constantes. Transportistas han señalado detenciones arbitrarias y abusos de autoridad, mientras turistas reportan revisiones excesivas y malos tratos que dañan la imagen del destino.
Pero el problema de fondo sigue intacto: el transporte irregular. Unidades sin concesión, vehículos particulares y operadores sin registro trabajan todos los días en el aeropuerto sin control efectivo. El propio sector ha denunciado que estos servicios operan abiertamente ante la falta de acción contundente.
Los operativos, además, resultan insuficientes. En 2025, acciones de la Guardia Nacional retiraron apenas 30 vehículos irregulares en tres días, una cifra mínima frente a la magnitud real del problema. Mientras tanto, los llamados “taxis piratas” evaden fácilmente la vigilancia y continúan ofreciendo traslados con cobros arbitrarios.
El resultado es un escenario absurdo: se sanciona a transportistas formales, mientras los ilegales operan con impunidad. Incluso autoridades como Profeco han reconocido limitaciones para intervenir cuando se trata de servicios no regulados, dejando al turista en estado de indefensión.
Cancún no es cualquier aeropuerto. Con más de 30 millones de pasajeros anuales, es una de las principales puertas de entrada a México. Sin embargo, hoy enfrenta prácticas que lo alejan de estándares internacionales y lo acercan al desorden.
La pregunta es : ¿quién está controlando realmente el aeropuerto ? Porque cuando lo irregular se vuelve cotidiano, deja de ser descuido y empieza a parecer abandono. Y ese abandono, en un destino que vive del turismo, termina pasando factura.

