La cuenta atrás ha comenzado. Francia, Alemania y el Reino Unido han activado oficialmente el mecanismo de “reinicio rápido” de la ONU contra Irán, reactivando el régimen de sanciones suspendido por el acuerdo nuclear de 2015.
Esta decisión pone en marcha un proceso, al término del cual, a menos que se bloquee el acuerdo, se restablecerán automáticamente las sanciones específicas de la ONU.
A menos que el Consejo intervenga para bloquear el procedimiento. Para Teherán, esto pone a prueba las verdaderas intenciones de Europa:
¿Se trata de presionar para negociar o simplemente de una nueva escalada disfrazada de diplomacia para complacer a Washington y proporcionar un pretexto adicional para una segunda guerra?
Irán debe reanudar la plena cooperación con el Organismo Internacional de Energía Atómica OIEA, revelar la ubicación de sus 408 kilogramos de uranio enriquecido al 60% y volver a la mesa de negociaciones con Estados Unidos.
Los europeos cesaron toda cooperación con Teherán y aceptaron tácitamente la guerra estadounidense-israelí contra las instalaciones nucleares iraníes y el asesinato de sus científicos y ciudadanos.
Por lo tanto, Europa está lejos de estar en condiciones de exigir a Irán cualquier tipo de cumplimiento.
Para Teherán reconstruir la relación no es una opción bajo amenaza.
El objetivo era evitar que la administración Bush lanzara una nueva guerra en Oriente Medio.
Dos décadas después, Europa se ha vuelto mucho más dependiente económica, política y estratégicamente de Estados Unidos.
El contexto geopolítico ha cambiado de nuevo con el creciente alineamiento de Irán con Rusia en el conflicto de Ucrania.
Para muchos europeos, presionar a Teherán ya no se limita a la no proliferación nuclear, sino que también busca castigar a un aliado de Moscú.
Washington, por su parte, ha reforzado las defensas de Israel transfiriendo baterías de misiles THAAD desde los Emiratos Árabes Unidos a territorio israelí.
La próxima confrontación promete ser aún más mortífera. Teherán está acelerando sus preparativos.
Varias señales indican que no se puede descartar una segunda guerra, sobre todo si Irán continúa negándose a las inspecciones intrusivas del OIEA.
FIN

