Síguenos

¿Qué estás buscando?

junio 08, 2026

Sin Categoría

No todo esta perdido

Cada año, cuando llega el Día Mundial del Medio Ambiente, solemos hablar de bosques, océanos, contaminación y cambio climático. Sin embargo, este año encontré otra razón para reflexionar: los jóvenes.

Tuve la oportunidad de entrevistar a varios que han decidido dedicar su tiempo y sus talentos a proteger los recursos naturales y a impulsar cambios reales en sus comunidades. Mientras escuchaba sus historias, entendí que estaba frente a una generación que trabaja con el alma.

Son las manos que siembran conciencia, los ojos que identifican amenazas donde otros solo ven rutina y las voces que se levantan para defender aquello que pertenece a todos.

Ellos están redefiniendo la conversación ambiental.

Vivimos en una época en la que abundan las noticias que nos hacen pensar que todo está perdido. Basta abrir las redes sociales para encontrar historias de violencia, indiferencia o desesperanza. A veces pareciera que la apatía ganó terreno y que ya nadie está dispuesto a comprometerse con las causas que importan.

Pero esos jóvenes me recordaron que no es así.

Mientras muchos consumen contenido, ellos crean iniciativas.

Mientras otros esperan que alguien resuelva los problemas, ellos organizan jornadas de limpieza, impulsan proyectos comunitarios, educan a otros y levantan su voz en espacios nacionales e internacionales.

Advertisement. Scroll to continue reading.
[adsforwp id="243463"]

No son perfectos ni tienen todas las respuestas, pero poseen algo invaluable: la disposición de actuar.

En un tiempo en que tanto se habla de destruir, ellos han decidido construir. Y eso tiene un valor inmenso. La propia Biblia nos recuerda la importancia de cuidar la creación cuando afirma en Apocalipsis 11:18 que Dios vendrá para “destruir a los que destruyen la tierra”. Es un recordatorio de que la protección del planeta no es solo una responsabilidad ambiental, sino también moral.

Y mientras los escuchaba, no pude evitar pensar en otro grupo de jóvenes: aquellos que, teniendo el mismo tesoro entre las manos, lo dejan escapar sin darse cuenta. Porque es cierto aquello de “juventud, divino tesoro”. Lo repetimos tantas veces que hemos olvidado lo que significa. La juventud no es solo una etapa de la vida; es una reserva de energía, tiempo, salud y posibilidades que un día se agota.

Mi padre solía responder algo que entonces me parecía extraño cuando le preguntábamos por qué trabajaba tanto: “Cuando me muera dormiré mucho”.

Con los años entendí la profundidad de aquellas palabras. Solo mientras estamos despiertos podemos construir, servir, aprender y dejar huellas.

Por eso resulta tan revelador el consejo bíblico de Eclesiastés 11:9: “Alégrate, joven, en tu juventud, y tome placer tu corazón en los días de tu adolescencia; y anda en los caminos de tu corazón y en la vista de tus ojos; pero sabe que sobre todas estas cosas te juzgará Dios”.

No es una invitación a vivir sin propósito, sino a aprovechar el tiempo, los talentos y las fuerzas que hoy tenemos.

De mis frases favoritas del filósofo español Fernando Savater hay una que siempre vuelve a mi memoria cuando pienso en las nuevas generaciones: “La juventud es el suplemento vitamínico de la anémica rutina social”.

Advertisement. Scroll to continue reading.
[adsforwp id="243463"]

Y tenía razón.

Los jóvenes poseen la capacidad de renovar, transformar y desafiar la inercia de un mundo acostumbrado a conformarse. Son quienes cuestionan lo establecido, impulsan nuevas conversaciones y recuerdan que el cambio siempre comienza con alguien dispuesto a actuar.

Después de escuchar aquellas historias comprendí algo: no todo está perdido. Todavía hay jóvenes que deciden levantarse cuando otros permanecen sentados. Todavía hay quienes utilizan sus talentos para servir en lugar de solo consumir. Todavía hay quienes entienden que la juventud no es un tiempo para desperdiciar, sino una oportunidad para dejar una huella positiva.

Mientras exista una generación dispuesta a actuar, a cuidar lo que hemos recibido y a trabajar por algo más grande que ella misma, siempre habrá razones para tener esperanza.

Te puede interesar