Redacción / Grupo Cantón
La ex presidenta municipal de Benito Juárez murió a los 71 años, dejando un legado marcado por su liderazgo social, su incursión en la política y su papel en la consolidación urbana de Cancún.
Cancún.– Magaly Achach Solís, primera mujer en presidir el municipio de Benito Juárez, falleció este viernes a los 71 años, coincidentemente el mismo día en que, hace 27 años, asumió la presidencia municipal tras una elección cerrada y en un contexto político en el que las mujeres tenían escaso acceso real al poder.
Su figura, compleja y determinante, dejó una huella profunda en la construcción social y política de Cancún, marcada tanto por su capacidad de organización como por decisiones y posturas que generaron respaldo y confrontación.
Magaly Achach permanecía hospitalizada desde diciembre pasado en Cancún, luego de someterse a cirugías y terapias tras la detección, años atrás, de tumores cerebrales que afectaron su memoria y vista. El deceso fue dado a conocer por sus hijas —Candy, Sonia y María José— mediante redes sociales y un comunicado oficial.

Originaria de Tecoh, Yucatán, donde nació el 4 de marzo de 1955, llegó en 1977 a Leona Vicario como maestra de secundaria. Desde ahí comenzó un proceso de inserción social que la llevó a convertirse en una de las principales organizadoras de colonias populares en una ciudad que crecía sin planeación. Fue fundadora y líder del Frente Único de Colonos (FUC), desde donde gestionó tierras, regularización y servicios para miles de familias.
Su papel como intermediaria entre autoridades y población migrante fue clave en la expansión urbana de Cancún. Bajo su influencia se consolidaron numerosas colonias que hoy forman buena parte de la ciudad. Impulsó, además, una práctica que generó debate: promover que los lotes fueran escriturados a nombre de las mujeres, bajo el argumento de proteger el patrimonio familiar.
“Los hombres son borrachos y pueden vender en cualquier momento su casa”, decía.
Su entrada a la política fue respaldada por figuras como Víctor Cervera Pacheco, Pedro Joaquín Coldwell, Carlos Salinas de Gortari, Carlos Rojas Gutiérrez y Carlos Sobrino Sierra. A partir de ahí construyó una trayectoria amplia: regidora (1981–1984), diputada local en dos periodos (1984–1987 y 1990–1993), síndico municipal (1987–1990) y diputada federal en la LV Legislatura (1991–1994), además de convertirse en la primera mujer en ganar una elección interna del PRI para una candidatura federal, justamente en 1991.
En 1999 alcanzó la presidencia municipal de Benito Juárez con una diferencia menor a 200 votos, en una de las contiendas más cerradas del estado y en un momento de reconfiguración política nacional. Su llegada no estuvo exenta de resistencias: fue objeto de burlas y descalificaciones por su origen como líder de colonias, a lo que respondió públicamente que buscaba votos, no participar en un concurso de belleza.
Ya en el gobierno (1999–2002), ejerció un estilo directo, con fuerte presencia en territorio y decisiones que marcaron el desarrollo urbano. Impulsó la regularización de tierras, fortaleció áreas como la policía y los bomberos, promovió la cultura y la música, coordinó con el sindicato de trabajadores y participó en proyectos de infraestructura como el impulso al hoy Teatro de la Ciudad, la cesión del terreno para la Catedral de Cancún —una decisión que generó críticas de un sector de la sociedad— y la autorización de zonas estratégicas de desarrollo como Puerto Cancún.

Su administración también se desarrolló en medio de tensiones políticas. Mantuvo diferencias con el entonces gobernador Joaquín Hendricks Díaz, particularmente por el control de la policía, en un episodio que evidenció los límites y disputas de poder entre el ámbito municipal y estatal, así como su disposición a confrontar decisiones desde su posición como alcaldesa.
En 2002 protagonizó una ruptura política al denunciar un presunto fraude interno en el PRI durante el proceso para definir la candidatura a diputado federal en el distrito I, en el que resultó favorecido Félix González Canto.
Tras ello, renunció a su militancia y se integró a Convergencia (hoy Movimiento Ciudadano), aunque posteriormente regresó al PRI para respaldar la candidatura de González Canto al gobierno estatal. Su inconformidad quedó marcada en la frase “Ni que fueran flash”, en referencia a la rapidez de la votación en aquel proceso.
Además, como presidenta estatal de la Asociación Nacional Femenil Revolucionaria (ANFER), promovió la participación de mujeres en la vida política de Quintana Roo, consolidando un perfil que combinó liderazgo territorial con presencia institucional.

En el plano personal, fue descrita como una mujer cercana, de trato directo, devota de San Judas Tadeo y aficionada a la música, el béisbol, el box y la lucha libre. Le sobreviven sus hijas Sonia, Candelaria y María José, así como sus nietos y su esposo, José “Chel” Ayuso.
Las reacciones tras su fallecimiento reflejan distintas lecturas sobre su paso por la vida pública. La gobernadora Mara Lezama destacó su papel como pionera, mientras que la COPARMEX subrayó que le tocó gobernar en una etapa de crecimiento acelerado, donde la presión social, urbana y de servicios exigía decisiones constantes y presencia en territorio.
El paso de Magaly Achach por la vida pública de Cancún no puede entenderse en una sola dimensión. Fue parte de una generación que organizó colonias, disputó espacios de poder y trasladó ese liderazgo al gobierno.
En ese proceso, abrió camino para la participación femenina en la política local, no desde el discurso, sino desde la práctica, en un entorno donde ejercer el poder implicaba también confrontar, negociar y tomar decisiones que no siempre estuvieron exentas de controversia.

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