Santiago Rodas / Grupo Cantón
Entre aplausos, lágrimas y abrazos, familiares, rescatistas y la comunidad venezolana dieron la bienvenida a los voluntarios de BRIC que participaron durante 10 días en las labores tras el terremoto en Venezuela.
Cancún.- La espera parecía interminable. El reloj avanzaba lentamente mientras decenas de personas permanecieron con la mirada fija en las puertas del andén de llegadas internacionales de la Terminal 2 del Aeropuerto Internacional de Cancún. Eran las 10:30 de la mañana, la hora prevista para el aterrizaje del vuelo procedente de Venezuela. Sin embargo, el tiempo comenzó a jugar con la ansiedad de familiares, compañeros de rescate, bomberos, elementos de Protección Civil, amigos y miembros de la comunidad venezolana radicada en Cancún.
Pasó una hora… después dos… y finalmente más de tres horas de incertidumbre.
Nadie se movía.
Los abrazos entre quienes esperaban servían para contener la preocupación, mientras las conversaciones giraban alrededor de las historias que llegaban desde Venezuela, los mensajes de voz enviados por los brigadistas durante los últimos días y las imágenes de una tragedia que conmovió al mundo entero.
Fue poco después de las 14:00 horas cuando el ambiente cambió por completo.
Primero descendió la tripulación de Viva Aerobus. Pilotos, sobrecargos y personal de cabina caminaron por la plataforma mientras decenas de personas intentaban descubrir, a la distancia, si detrás de ellos aparecían los rescatistas mexicanos.
Entonces ocurrió.
Las puertas se abrieron.
Los primeros uniformes naranjas, rojos, comenzaron a cruzar el pasillo.
La emoción explotó.
Aplausos, lágrimas, porras, banderas venezolanas y mexicanas ondeando juntas, abrazos interminables y rostros marcados por el cansancio fueron el escenario de uno de los recibimientos más emotivos que se recuerden en el aeropuerto cancunense.
Regresaban los hombres y mujeres que durante diez días dejaron a sus familias para internarse entre edificios colapsados por el devastador terremoto que sacudió a Venezuela.
No volvían con historias de victorias fáciles.
Volvían cargando el peso de una tragedia, con el recuerdo de cientos de familias que lo perdieron todo.
Volvían con el silencio de quienes buscaron vida entre toneladas de concreto y muchas veces únicamente encontraron despedidas.
Perros rescatistas también fueron protagonistas de la misión
Entre los primeros en salir se encontraba el binomio conformado por Jean Uribe Pérez y la perra de búsqueda Muneck, una Border Collie entrenada desde los tres meses de edad en Cancún y certificada internacionalmente para operaciones en estructuras colapsadas, con 8 años se edad, su última misión.
La imagen de ambos provocó otra ovación.
Durante la misión, Muneck recorrió edificios destruidos utilizando su extraordinario olfato para localizar posibles sobrevivientes.
“Fue una experiencia muy complicada y muy cansada. Desde que llegamos comenzamos a trabajar. El perro de búsqueda es fundamental porque puede localizar personas en cuestión de minutos. Lamentablemente, el panorama que encontramos fue devastador“, relató Jean Uribe mientras sostenía a su inseparable compañera de cuatro patas.
Reconoció que, aunque los rescatistas reciben entrenamiento constante para enfrentar escenarios extremos, nadie puede permanecer indiferente frente al dolor humano.
“No somos de piedra. Ver familias completas perder sus hogares, perder a sus seres queridos, es algo que nos marca. Nosotros también necesitamos apoyo psicológico para procesar todo lo vivido.”
Muneck participó en la localización de múltiples víctimas durante las jornadas de búsqueda.
Aunque el equipo jamás dejó de buscar personas con vida, la realidad que encontraron fue estremecedora.
Las labores permitieron recuperar alrededor de 40 cuerpos.
“Lo que más nos marcó fue el cariño del pueblo venezolano. Aun en medio de la tragedia nos compartían comida, agua y palabras de aliento“, recordó el brigadista.
Gersi, la más experimentada del grupo BREC-K9
Otra de las caninas que participó fue Gersi, considerada una de las más experimentadas del grupo BREC-K9.
Su manejadora explicó que la perra ingresó una y otra vez entre los escombros cada vez que existía la mínima posibilidad de encontrar sobrevivientes.
Aunque en esta ocasión no fue posible localizar personas con vida, nunca dejaron de intentarlo.
El médico veterinario y brigadista Olaf G. Navarrete, integrante del grupo BREC-K9, explicó que además de atender a las víctimas humanas también brindaron atención médica a los perros rescatistas.
Durante la misión varios ejemplares sufrieron lesiones menores provocadas por el constante ingreso entre estructuras colapsadas.
“Hubo que realizar curaciones, suturas y limpiezas para evitar infecciones. Ellos también arriesgan su vida en cada operativo.”
Complicado recorrido en Venezuela
Navarrete recordó que la destrucción observada en Venezuela difícilmente podrá olvidarse.
“Fueron dos terremotos muy fuertes. El nivel de devastación fue enorme. Muchas familias desaparecieron completamente.”
El coordinador de la Brigada de Rescate Internacional Cancún (BRIC), Alberto Vera, explicó que los voluntarios trabajaron principalmente en la zona costera de La Guaira, considerada una de las regiones más golpeadas por el desastre.
Durante diez días inspeccionaron cerca de veinte edificios de entre 15 y 20 niveles utilizando perros de búsqueda, técnicas especializadas de localización y protocolos internacionales de rescate urbano.
- La brigada está integrada por voluntarios provenientes de distintas profesiones.
Bomberos, paramédicos, ingenieros, arquitectos, maestros y personal de Protección Civil forman parte del equipo.
Actualmente cuentan con 55 integrantes activos, aunque únicamente diez reunieron las condiciones para desplazarse a Venezuela.
“Todos somos voluntarios. Dejamos nuestros trabajos, nuestras familias y nuestras actividades porque creemos que ayudar salva vidas“, expresó.
Añadió que BRIC es uno de los seis grupos acreditados en México para intervenir en estructuras colapsadas bajo el Mecanismo Nacional de Acreditación de Protección Civil.
Comunidad venezolana agradece el apoyo de Cancún
Mientras los brigadistas relataban sus experiencias, a unos metros de distancia la comunidad venezolana instalada en Cancún apenas lograba contener las lágrimas.
Para ellos no se trataba únicamente del regreso de un grupo de rescatistas.
Era el regreso de quienes se convirtieron en las manos de miles de familias venezolanas.
Mari Fernández habló con la voz entrecortada.
“El terremoto no ocurrió solamente en La Guaira. El terremoto ocurrió en el corazón de todos los venezolanos que estamos regados por el mundo.”
Agradeció profundamente el respaldo del pueblo mexicano.
“Gracias México. Gracias a los rescatistas mexicanos. Ustedes fueron nuestras manos cuando más lo necesitábamos. Venezuela siempre estará en deuda con ustedes.”
Confirmó que varios amigos permanecen desaparecidos y que otras personas cercanas perdieron familiares durante el desastre.
A su lado, Purita Sánchez recordó los veinte años que lleva viviendo en Cancún.
Dijo que jamás olvidará la solidaridad demostrada por la sociedad mexicana.
“Hay personas que llegan al centro de acopio llorando con nosotros. Nos abrazan. Nos entregan sus donativos con el corazón. Eso nunca lo vamos a olvidar.”
La comunidad venezolana informó que mantiene funcionando un centro de acopio en la calle Pecarí, donde continúan reuniendo medicamentos, alimentos no perecederos e insumos médicos para enviarlos a las zonas afectadas.
Jazz Miranda explicó que desde el inicio de la campaña la respuesta ciudadana ha sido extraordinaria.
La ayuda no ha dejado de llegar.
María Alejandra Segovia informó que ya han logrado reunir cerca de siete toneladas de apoyo humanitario.
Sin embargo, ahora enfrentan un nuevo desafío.
Conseguir los recursos logísticos necesarios para transportar toda esa ayuda hacia Venezuela.
Los voluntarios hicieron un llamado a empresas, organizaciones civiles y ciudadanos para apoyar el traslado de los insumos.
Mientras tanto, dentro del aeropuerto seguían multiplicándose los abrazos.
Los bomberos de Cancún recibían a sus compañeros.
Elementos de Protección Civil estrechaban la mano de quienes durante diez días enfrentaron jornadas extenuantes entre polvo, concreto y muerte.
Las familias simplemente no querían soltarlos.
Finalmente en casa…
Después de tantos días de incertidumbre, el mayor rescate también ocurría en casa.
No hubo sirenas. Tampoco maquinaria pesada. No hubo edificios colapsados.
Sólo abrazos.
Abrazos capaces de aliviar el cansancio acumulado tras diez días de misión internacional.
Los brigadistas regresaron con la satisfacción de haber entregado todo lo que estaba a su alcance.
No pudieron cambiar la historia del terremoto.
Pero sí demostraron que, cuando la tragedia golpea a cualquier nación, la solidaridad no reconoce fronteras.
Y esa tarde, en Cancún, quedó claro que los verdaderos héroes no siempre llevan capa.
Muchos de ellos visten casco, uniforme de rescate, cargan mochilas llenas de esperanza… y caminan acompañados por un perro dispuesto a buscar vida hasta el último instante.