Redacción/Grupo Cantón
Un estudio internacional advierte que tener hijos varones podría acelerar el deterioro cognitivo en padres, mientras que las hijas se asocian con mayor apoyo emocional y longevidad.
México.- Un estudio de la Universidad de Columbia y la Universidad Charles de Praga reveló que los padres de al menos un hijo varón presentan un deterioro cognitivo más acelerado en comparación con quienes solo tienen hijas.
A continuación, los puntos clave de este hallazgo:
Según datos publicados en ScienceDirect, el envejecimiento cognitivo —pérdida de memoria y agudeza mental— es más rápido en padres con varios hijos varones que en aquellos con familias compuestas únicamente por mujeres.
Impacto en la salud mental:
El estudio, que analizó a más de 13,000 adultos mayores de 50 años, indica que esta tendencia se mantiene independientemente de si el progenitor es el padre o la madre.
Factores sociales y estrés:
Los investigadores sugieren que las razones podrían ser más sociales que biológicas. Las hijas tienden a ofrecer mayor apoyo emocional y cuidados a sus padres en la vejez, lo que reduce el aislamiento social y protege la función cerebral.
Neuroplasticidad y paternidad:
Aunque existe este riesgo de desgaste, otros estudios subrayan que convertirse en padre también genera cambios positivos. Los padres experimentan neuroplasticidad, con un aumento de materia gris en áreas relacionadas con la empatía y la atención.
Longevidad:
Curiosamente, investigaciones de la Universidad Jaguelónica sugieren que cada hija puede aumentar la esperanza de vida paterna en un promedio de 74 semanas, un beneficio que no se observó con los hijos varones.
En resumen, aunque el género de los hijos parece influir en el ritmo de envejecimiento cerebral, factores como el estilo de vida, la educación y la calidad del vínculo familiar siguen siendo los pilares más importantes para mantener la salud mental. Puedes leer más sobre cómo cambia la estructura cerebral al ser padre en The Conversation.
Por otra parte, hasta la fecha, la mayor parte de las investigaciones sobre los cambios cerebrales asociados a tener hijas o hijos se han centrado en el cerebro de las madres durante el embarazo y tras el parto. Las hormonas del periparto, como el estradiol y la oxitocina, aumentan la neuroplasticidad del “circuito cerebral de conducta parental”, el cual subyace a la conducta materna y al vínculo afectivo que las madres desarrollan con sus bebés.
En madres primerizas, los cambios cerebrales tras el parto son tan pronunciados que un algoritmo puede diferenciar el cerebro de una mujer que ha pasado por un embarazo del de una que no ha sido madre. Estas modificaciones afectan tanto a estructuras subcorticales, implicadas en el apego madre-hijo y el estado de alerta, como a estructuras corticales encargadas de comprender las necesidades del recién nacido y empatizar con él.
La neuroplasticidad es la capacidad del cerebro para responder, cambiar y adaptarse a nuevas situaciones mediante modificaciones en neuronas, glía y sinapsis.
Curiosamente, el “circuito cerebral de conducta parental” no solo es sensible a las hormonas del embarazo, sino que también responde a la interacción con el bebé. Este fenómeno, conocido como plasticidad cerebral inducida por la experiencia, es la base del aprendizaje. También se observa en padres implicados en la crianza, quienes experimentan las exigencias cognitivas, físicas y emocionales del cuidado de un recién nacido sin haber pasado por el embarazo.
La investigadora Magdalena Martínez-García, junto al grupo “NeuroMaternal”, ha mostrado en un reciente estudio la magnitud de estas adaptaciones cerebrales en padres primerizos.
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