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febrero 16, 2026

Voces

Tantra. El arte del amor consciente

En la cabaña Adentro, fusión de rojos, Cuerpo y alma, Gotas de sudor sobre la piel húmeda, aromática y brillante.
Velas, incienso, aceites, El sonido de cuencos tibetanos.
Afuera, en el corazón de la selva. Lluvia torrencial gritando

El 14 de febrero, se celebra en muchos países el día del amor y la amistad, y por ello quiero escribir sobre un tema que es poco conocido, la sexualidad tántrica; una forma de experimentar el amor físico en un plano profundo que involucra el cuerpo como un vehículo para fusionar mente y espíritu en una relación trascendente entre dos personas que se aman de forma consciente.

El tantra viene del sánscrito tan que significa “expandir” o “tejer” y es una práctica que tiene como origen la India, desde hace más de dos mil años pero que se sistematizó alrededor del siglo VI d.C.; como una corriente espiritual y filosófica que busca la expansión de la conciencia a través de la fusión de cuerpo, mente y espíritu.

Se nutre del budismo y el hinduismo y es un camino espiritual que utiliza la energía sexual para lograr una conexión profunda con uno mismo y la pareja.

En esta cosmovisión, el placer no es un pecado ni una distracción, sino una vía de autoconocimiento.  Para el tantrismo la sexualidad es un acto sagrado que conduce al crecimiento y la liberación.

¿Cómo lo logra? Mediante la presencia, la respiración, el tacto consciente y la energía que fluye entre los amantes, que no tiene como fin último alcanzar el orgasmo, sino disfrutar del proceso, extendiendo el placer y la unión mente-cuerpo-espíritu, a menudo posponiendo la eyaculación para prolongar la experiencia y amplificar la energía, a través de la atención plena y la comunicación no verbal.

La sexualidad deja de ser un acto instintivo que se satisface en cinco o veinte minutos, para pasar a ser una acto sagrado en el que el éxtasis se alcanza no tan solo con el orgasmo; sino también por el placer de disfrutar de la mirada de la pareja, de acariciar su cuerpo en un masaje, de vivir minuto a minuto el regalo divino de la magia sexual.

En sociedades hipersexualizadas pero emocionalmente desconectadas, donde el deseo suele ir acompañado de ansiedad, culpa o vacío, esta práctica aparece como una respuesta al malestar moderno.

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