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febrero 02, 2026

Voces

Ser más que hacer

Normalicemos la idea de que somos personas antes que profesionales; previo a graduarte de una licenciatura, doctorado, maestría o PHD, tus padres te pusieron un nombre, tienes identidad y vales por quién eres, no por el cargo que ocupas o por el puesto al que aspiras.

Hay un proverbio italiano que dice: “una vez terminado el juego, el rey y el peón vuelven a la misma caja”, y es que al final del juego llamado ‘vida’ todos vamos a la misma caja llamado ‘ataúd’.

La Biblia dice en Génesis 3:19: “…polvo eres, y al polvo volverás”. No somos eternos, somos finitos, frágiles y pasajeros en este mundo. Nada te llevarás a la tumba. Ni tus bienes, ni tus títulos, ni el rol profesional que desempeñaste. Solo lo que fuiste como ser humano. Por más grande y lujosa que sea, el dinero, los privilegios y la posición social no caben en la caja donde nos van a enterrar.

Esto requiere vivir con humildad sin tantos egos, sabiendo que todos somos iguales, que tenemos el mismo valor y la misma dignidad solo por el simple hecho de ser personas; implica sencillez para no querer acumular cosas sin sentido, ni para impresionar a nadie; necesita de empatía, poniéndonos en el lugar del otro siempre, haciendo el bien, tratando al que limpia y a nuestro jefe de la misma manera; y, sobre todo, conlleva tener claridad en lo efímero que somos, de donde venimos y a donde vamos.

La gente no te recordará por lo que hiciste, sino porque quién fuiste y por cómo los hiciste sentir. No dirán de ti: “era buen médico, excelente abogado o el mejor ingeniero”. Mencionarán tus valores, cualidades personales y esos momentos que estuviste para escucharlos, apoyarlos y echarles una mano. ¡Ese es tu legado, lo único realmente valioso que dejas!

Recuerda: esta vida es una tómbola. Hoy estás, mañana no. Hoy mandas, mañana obedeces. Hoy quizá te toque estar arriba y mañana puedes bajar. Trata de que en la subida y en la bajada el buen trato hacia todos, el respeto, la humildad y la equidad hayan sido tus acompañantes, y que tu esencia como ser humano se haya desarrollado más que el tener o el aparentar. No importa qué tan alto subas o lo mucho que alcances, siempre mantén los pies en la tierra, procurando ser más que hacer.

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