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marzo 23, 2026

Voces

Cuando los números bajan… pero la percepción no

Hay algo que pasa cada vez que vienen a decirnos que todo va mejor: uno quiere creerlo… pero también voltea a ver alrededor. La reciente visita de la presidenta Claudia Sheinbaum a Quintana Roo trajo ese mensaje: seguridad a la baja, resultados, control. Y para sostenerlo, cifras.

Durante la conferencia mañanera en Cancún , el titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, aseguró que febrero de 2026 registró el nivel más bajo de homicidios desde 2016. El promedio pasó de 1.2 a 0.4 víctimas diarias frente al mismo mes del año pasado: una caída del 68 por ciento.

Además, en el primer bimestre del año se contabilizaron 24 homicidios. Si esa tendencia se mantiene, el estado podría cerrar 2026 con alrededor de 140 o 150 casos, muy por debajo de los cerca de 378 registrados en 2025. Los números están ahí. No se pueden ignorar.

Pero tampoco se pueden leer sin contexto. Quintana Roo no viene de un escenario estable; viene de años marcados por la violencia, de episodios que no se borran con un buen corte estadístico ni con un comparativo favorable.

Bajar no es lo mismo que resolver. Y menos cuando la disminución se mide en un periodo corto, en un arranque de año que todavía tiene que sostenerse.

En la calle, la historia se cuenta distinto. La gente no habla en porcentajes. Habla en precauciones, en rutas que cambia, en lugares que deja de frecuentar, en esa sensación persistente de que hay zonas donde es mejor no estar.

Esa percepción no es menor. Es, en muchos sentidos, el termómetro real. Porque cuando el dato no logra traducirse en tranquilidad, se convierte en discurso.

Y ahí es donde empieza el problema.

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En un estado como Quintana Roo, donde la seguridad no solo impacta a quienes vivimos aquí, sino también a quienes nos visitan, la diferencia entre un avance estadístico y una mejora real es enorme. No basta con que baje el número. Tiene que sentirse.

La visita presidencial deja una narrativa clara: hay resultados. Pero también deja una pregunta incómoda, de esas que no se responden con cifras:

¿La seguridad ya cambió… o solo cambió la manera de contarla?

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