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febrero 17, 2026

Voces

Quintana Roo: los adelantados, la memoria y el riesgo de la soberbia

En Quintana Roo los tiempos legales casi nunca coinciden con los tiempos reales del poder.

El calendario electoral aún no se activa formalmente, pero la sucesión ya comenzó en los hechos.

Los eventos masivos se multiplican, las giras de fin de semana se intensifican, los espectaculares aparecen con precisión quirúrgica y la narrativa digital dejó de ser institucional para convertirse en promoción calculada.

Los adelantados no están trabajando solo para gobernar; están trabajando para ser vistos.

Cada acto multitudinario es una demostración de fuerza. Cada fotografía con estructura territorial es un mensaje interno.

Cada discurso que habla de futuro tiene destinatario político.

La competencia se instaló antes de tiempo y, como suele ocurrir, la prudencia escasea.

Hace diez años el estado vivió una lección que debería mantenerse fresca. Mauricio Góngora fue candidato a gobernador en un entorno donde la percepción dominante era de inevitabilidad.

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Contaba con estructura, respaldo y presencia mediática.

Muchos daban por hecho el desenlace meses antes de la jornada electoral.

Sin embargo, la elección demostró que la percepción no sustituye al voto y que la confianza excesiva puede convertirse en derrota.

La historia no se repite de forma idéntica, pero sí advierte.

En Quintana Roo, llenar plazas no garantiza ganar elecciones. Saturar redes no construye necesariamente mayoría.

El exceso de exposición genera desgaste y despierta resistencias que no siempre son visibles.

Hoy varios actores parecen ignorar esa memoria. Funcionarios en activo intensifican agenda bajo el argumento institucional mientras posicionan imagen y narrativa personal.

La frontera entre gestión y promoción se vuelve cada vez más delgada. El mensaje implícito es claro: la carrera ya está en marcha.

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El riesgo no es solo jurídico, aunque la figura de actos anticipados siempre ronda.

Es político y estratégico. Cuando la administración pública se subordina a la aspiración individual, el gobierno pierde foco y la ciudadanía detecta cálculo antes que resultados.

Además, en un estado con alta volatilidad electoral, los escenarios pueden modificarse en semanas.

Las decisiones partidistas, los factores nacionales y los reacomodos internos pesan más que el entusiasmo de un evento bien producido.

La pregunta no es quién reúne más gente hoy, sino quién entiende que en Quintana Roo las sucesiones no se definen por espectáculo ni por aplausómetro.

La memoria política debería servir de advertencia, ignorarla no es audacia; es soberbia, ,y en política la soberbia suele tener consecuencias.

Los favoritos de la antesala no siempre cruzan la meta.

Adelantarse demasiado puede ser el primer paso hacia el desgaste irreversible.

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