Pocas figuras en la historia de México provocan tanta fascinación como Quetzalcóatl, la serpiente emplumada.
La tradición mesoamericana presenta a Quetzalcóatl bajo dos rostros.
Por un lado, el dios creador, el Señor de la Aurora y la Serpiente Nube de Lluvia; el que dio al hombre el maíz, el pulque, el calendario y la vida civilizada, lo que lo convirtió en una deidad común entre diversas civilizaciones mesoamericanas.
Por otro lado, está la figura histórica y legendaria de Ce Ácatl Topiltzin Quetzalcóatl: reconocido por los títulos de hombre, dios, rey, sacerdote, príncipe, artista y artesano, lucero de la mañana.
Según las crónicas coloniales, Topiltzin gobernó en Tula durante el siglo X.
En lugar de sacrificios humanos, Quetzalcoatl propuso ofrendar mariposas, aves, serpientes y hacía autosacrificios pinchándose el cuerpo con espinas de maguey, practicaba el ayuno, la penitencia y el autocontrol.
La Toltecáyotl, se considera el legado de Quetzalcóatl: sabiduría, destreza artística, la escritura, el calendario, conocimiento de los caminos que siguen los astros, las artes, entre ellas la música de las flautas, bondad y rectitud en el trato de los seres humanos, el arte del buen comer, la antigua palabra, el culto de los dioses, dialogar con ellos y con uno mismo.
Quetzalcóatl estuvo rodeado de peligros y de personas que envidiaban su poder y personalidad.
Las leyendas narran una conspiración por parte de sus enemigos los “demonios” Tezcatlipoca, lhuimécatl y Toltécatl para expulsarlo de la ciudad.
Con engaños lo hicieron tomar pulque hasta embriagarse, entonces el rey Quetzalcoatl hizo llamar a su hermana Quetzalpétlatl -que era sacerdotisa-; para embriagarse con ella y tener relaciones sexuales incestuosas.
Cuando recobró la conciencia y vio a su hermana desnuda y con el cabello alborotado, lloró amargamente y avergonzado, decidió abandonar su reino.
Se dice que partió hacia el oriente, hacia Coatzacoalcos, Veracruz, donde a la orilla del mar, ataviándose con todos sus plumajes, máscara y vestidos, el mismo se prendió fuego y se inmoló, transformándose en Venus, la estrella del alba.
En otras versiones se dice que reapareció en Yucatán como Kukulcán y aquí siguió enseñando.
Para una versión islámica de Quetzalcoatl como profeta consultar: https://es.reviewofreligions.org/el-sacerdote-rey-dios-mesoamericano/

