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marzo 06, 2026

Ley Valeria

Voces

Ojo Jurídico

La llamada Ley Valeria marca un parteaguas en la protección penal frente a la violencia persistente en México.

La reforma, aprobada en 2026 por la Cámara de Diputados, incorpora al Código Penal Federal el delito de acecho, también conocido como stalking, una conducta que durante años quedó en un vacío legal cuando no encuadraba claramente en amenazas o acoso sexual.

La iniciativa lleva el nombre de Valeria Macías, cuyo caso evidenció cómo el seguimiento reiterado, la vigilancia constante y el hostigamiento sistemático podían alterar gravemente la vida de una persona sin que existiera un tipo penal específico para sancionarlo.

La presión social y la visibilización del problema impulsaron una respuesta legislativa que hoy busca cerrar esa brecha.

La reforma define el acecho como la conducta reiterada de vigilar, perseguir, contactar o intimidar a una persona sin su consentimiento, generándole miedo, ansiedad o afectaciones en su vida cotidiana.

No se trata de un acto aislado, sino de un patrón de comportamiento persistente.

Las sanciones contemplan penas de prisión y multa, que pueden agravarse si la víctima es menor de edad, adulta mayor o se encuentra en situación de vulnerabilidad.

Especialistas consideran que la importancia de la Ley Valeria radica en su carácter preventivo.

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Antes, muchas víctimas debían esperar a que la violencia escalara a amenazas directas o agresiones físicas para que la autoridad pudiera intervenir con mayor contundencia.

Ahora, el solo patrón de acecho reiterado puede activar la acción penal y medidas de protección.

Tras su aprobación en la Cámara de  Diputados, el dictamen fue turnado al Senado de la República para su análisis y eventual ratificación.

Una vez publicado en el Diario Oficial de la Federación, el nuevo tipo penal entrará formalmente en vigor en todo el país.

La Ley Valeria no sólo amplía el catálogo de delitos federales; también envía un mensaje institucional claro: la violencia reiterada y silenciosa ya no será minimizada.

En un contexto donde las agresiones suelen escalar progresivamente, tipificar el acecho representa un avance en la protección de la integridad, la libertad y la seguridad de las personas.

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