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febrero 06, 2026

Voces

Nos dicen que se avecinan cambios

En las últimas dos décadas una serie de crisis financieras, sanitarias, energéticas y geopolíticas han puesto de manifiesto los riesgos de la integración global.

El concepto que las naciones imperialistas occidentales promovieron y utilizaron para justificar sus innumerables desviaciones y abusos del derecho internacional se están derritiendo.

Sabíamos que la historia del orden internacional basado en normas era parcialmente falsa.

Que los más fuertes quedaban exentos de él cuando les convenía.

Que las guerras o las normas comerciales se aplicaban de forma asimétrica.

Y que el derecho internacional se aplicaba con distintos grados de rigor según quién fuera el acusado o la víctima.

Esta historia ya no se sostiene, porque no podemos vivir en una mentira indefinidamente.

Estamos en medio de una ruptura, no de una transición.

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Las grandes potencias han comenzado a utilizar la integración económica como arma.

Los aranceles como palanca.

La infraestructura financiera como coerción. Las cadenas de suministro como vulnerabilidades que se pueden explotar para la búsqueda sin trabas de su poder e intereses.

Esta clásica gestión de riesgos tiene un precio.

La pregunta es si nos adaptaremos simplemente construyendo muros más altos o si podemos hacer algo más ambicioso.
Todas las naciones del mundo deben actuar juntas, porque “si no están en la mesa, están en el menú”. (Mark Carney)
Por lo tanto, si no queremos ser devorados por las grandes potencias, que pueden permitirse actuar solas, debemos actuar juntos.

Porque ellos tienen el tamaño del mercado, la capacidad militar y la influencia para dictar sus condiciones.

Porque cuando negociamos solo bilateralmente con una potencia hegemónica, negociamos desde una posición de debilidad.

Es simular soberanía mientras aceptamos la subordinación.

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¿No es esa nuestra situación con Estados-Unidos?
Construir una economía nacional fuerte siempre debería ser la prioridad de todo gobierno.
La diversificación internacional reduce su vulnerabilidad a las represalias.

Las élites políticas tardarán en cambiar de mentalidad. Si no, qué otro concepto ficticio se inventará para evitar un retorno total al respeto del derecho internacional.
Unámonos.

FIN

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