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abril 07, 2026

Voces

No son las motos: son los que creen que la calle es suya

Lo que pasó estos días en Cancún no es menor. Autoridades detuvieron a varios motociclistas que circulaban de madrugada, haciendo rodadas, ruido, desorden… y poniendo en riesgo a todos.

Y por primera vez en mucho tiempo, mucha gente pensó lo mismo: ya era hora.

Porque esto no empezó ayer. Lleva meses creciendo. Grupos de motos que salen en la noche, sin control, sin respeto por reglas básicas, cerrando calles, acelerando como si fuera carrera y generando un caos que cualquier cancunense reconoce.

No es percepción. Es realidad.

Y aquí hay que decirlo claro: no son todos los motociclistas. Pero sí hay un grupo muy identificado —jóvenes en su mayoría— que creen que manejar es un juego, que la calle es suya y que las consecuencias no existen.

Hasta que existen.

Porque esas mismas conductas son las que terminan en accidentes. Las que explican por qué hoy los motociclistas encabezan buena parte de la mortalidad vial en la ciudad.

No es casualidad. Es el resultado.

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Por eso lo que vimos en Cancún no es persecución. Es orden.

Y hay que decirlo también: esta vez hubo decisión. La presidenta municipal Ana Paty Peralta entendió algo que muchos evitan —que cuando el desorden se normaliza, gobernar implica incomodar.

Y actuó.

Sin rodeos. Sin discursos largos. Con operativos que mandan un mensaje claro: la calle no es tierra de nadie.

Eso importa.

Porque durante mucho tiempo, esto creció sin control. Y cuando la autoridad no pone límites, alguien más los rompe.

Ahora, tampoco nos engañemos. Esto no se resuelve en un solo operativo. Si en unos días todo vuelve a lo mismo, no cambió nada.

Aquí el fondo es más profundo.

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Es autoridad que debe sostener el orden, no solo aparecer cuando el problema ya explotó.
Es cultura vial que prácticamente no existe.
Y es una generación que necesita entender algo básico: no son invencibles.

Porque no, esto no es estilo. No es identidad. No es rebeldía.

Es irresponsabilidad.

Y mientras no se diga así, seguirá pasando lo mismo: ruido, caos… y otra historia que termina mal.

Lo de Cancún puede ser un punto de quiebre.

O puede ser solo una pausa.

La diferencia está en si esta vez el orden se mantiene… o si volvemos a acostumbrarnos al desorden.

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