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febrero 23, 2026

Voces

Más hoy que mañana

Iba conduciendo y en la radio escuché una frase que me impactó demasiado: “Deja de vivir en automático”.

Disminuí la velocidad, como si alguien me llamara por mi nombre y me despertara de mi realidad.

Planteaba de manera magistral la idea de romper con la rutina inconsciente y las reacciones impulsivas para empezar a vivir con plena consciencia, atención y propósito en el presente.

Me sentí identificada porque vivía planificando cada minuto, con mi mente dos millas por delante de mis pies; esperando el futuro con tantas ansias que olvidaba por completo la grandeza del hoy, del aquí, del ahora… y peor todavía, cuando llegaba esa ‘ocasión especial’, ni siquiera lo disfrutaba a plenitud porque no estaba cien por ciento ahí; mi pequeña cabecita ya estaba pensando en el después.

Me pasó en tantas experiencias importantes como viajes familiares, mi graduación de la universidad, mi boda… que miro atrás y quisiera devolver el tiempo para poder trasladarme a cada uno de esos episodios de mi vida, apagar el piloto automático, saborearme cada segundo y estar presente en mente, cuerpo y alma sin tanto pensar.

si hubiese tenido en cuenta el consejo de Jesús en Mateo 6:34:

“No os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su propio afán”… me hubiera ahorrado mucho estrés, actuar sin pensar, esa sensación de desconexión personal y ese sinsabor que te da sentir que se te fue la vida y no la viviste.

En el libro ‘Trabajo y felicidad’ de Ricardo Gómez, el autor usa la analogía entre conducir un auto convencional todos los días y manejar un Fórmula 1. Son igual dos vehículos, pero ofrecen sensaciones muy distintas. Con la comparación, explica la diferencia entre vivir por inercia y vivir con pasión.

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Hoy que tengo una hija de tres meses, de todos los consejos que me han podido dar, mi favorito y el que intento aplicar sin dejar que las prisas me ganen es: ‘Disfrútala lo más que puedas porque crecen muy rápido’.

Esta etapa es la que menos quiero estar en piloto automático. Por ella y por mí, decido apreciar cada detalle, no dar nada por sentado, mirarla desarrollarse pausada y detenidamente, vivir todas sus primeras veces porque no tendré a una recién nacida para siempre.

Ya no quiero conducir sin prestar atención al paisaje, simplemente yendo del punto A al punto B. Quiero estar presente y consciente, cambiar hacia esta nueva perspectiva de que la felicidad ya no es una meta, es el camino; que no es el destino final, es el proceso diario.

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