El antídoto para la enfermedad del desánimo, la quejadera o el inconformismo es el agradecimiento.
Si abres bien los ojos y te atreves a mirar distinto, te darás cuenta, sin mucho esfuerzo, de que es más lo que tienes que lo que te hace falta.
Si enumeráramos todo lo bueno que nos pasa desde que abrimos los ojos hasta que volvemos a dormirnos, nos percataríamos de que son bendiciones disfrazadas de cotidianidad: sale el sol, nuestros pulmones respiran, tenemos comida en la mesa, un trabajo donde somos útiles, personas que amamos alrededor y una cama cómoda donde podemos descansar.
Nuestro presente son esos sueños pasados hechos realidad y no lo notamos.
Pasamos de oración contestada en oración contestada y se nos olvida agradecer y ser felices.
Salmos 103:2 dice: “Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios”.
Detente un momento, tu vida confirma que Dios sí escucha, Dios sí responde, y muchas veces lo hace tan suavemente que no nos damos cuenta de que ya estamos viviendo un milagro.
Nos han vendido de que “el césped del vecino siempre es más verde”.
No caigamos en esa tendencia tan dañina de envidiar lo ajeno o creer que las situaciones de los demás son mejores que las propias.
Vivimos pendientes del otro, de lo que es, de lo que tiene, para reafirmar lo que no somos, no hemos logrado o lo que no tenemos.
La vida de los demás es tan imperfecta como la nuestra.
Cada quien tiene sus luces y sus sombras, y la gente no suele publicar sus sombras, pero no significa que no tengan problemas, luchas y metas sin alcanzar.
No te enfoques en las carencias porque trae más carencia… Siempre habrá alguien más bonito, más inteligente, más preparado que tú; con una casa más grande o un vehículo más moderno el tuyo.
Si te empeñas en centrarte en el otro, correrás una carrera de nunca acabar.
Terminarás cansado, frustrado y con la mirada cabizbaja sin apreciar que ya tienes las manos llenas.
La felicidad radica en valorar lo que se posee, no en lamentarse por lo que no. Lo que se tiene es lo esencial para vivir con plenitud; lo otro es vanidad.
La cantidad de cosas buenas en tu vida depende de tu capacidad de notarlas.
Como dijo Erich Fromm:
“Si no eres feliz con lo que tienes, tampoco lo serás con lo que te falta”.

