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marzo 30, 2026

Voces

Más acción y menos queja

Sé que te ha pasado que emites juicio sobre una persona, una institución o algún proceso desde lejos con mucha ligereza y siempre pensando en que todo puede hacerse mejor; hasta que te toca acercarte, involucrarte y estar inclusión en la misma posición, y ahí las cosas cambian.

No critiques un sistema al cual no aportas nada. Juzgar desde afuera es un acto simple que no exige esfuerzo, mientras que trabajar desde adentro implica enfrentar obstáculos, frustraciones y procesos complejos.

Si no aportas, no ayudas o no haces que sea mejor… no abras la boca, no opines, no juzgues.

Mateo 7:1-2 lo afirma: “No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido”.

Cuando la vida te lleva a la posición que antes criticaste, descubres que opinar es fácil, pero vivirlo es difícil.

Nadie entiende el camino ajeno hasta que le toca estar en sus zapatos.

Las opiniones destructivas están impulsadas por el ego y se alimentan cuando señalamos sentados sin hacer nada.

Cuando sumas tu esfuerzo, tu tiempo y tus fuerzas ya no te queda tiempo para hablar sobre qué está bien o mal en algo o alguien más.

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Antes de señalar, es necesario recordar que no conocemos las batallas internas ni el esfuerzo que otros hacen en silencio.

Cuando perteneces al sistema haces tu parte y listo, dejas de exigir fuera lo que no has trabajado dentro, y te enfocas en tu propio impacto en lugar de hacer ruido.

No critiques un sistema al cual no aportas nada es entender que la crítica sin acción constructiva es vacía.

Es saliva, tiempo y energía desperdiciada.

Solo tienes autoridad moral para evaluar un sistema, cualquiera fuera, cuando propones y contribuyes a que mejore, a que avance, a que progrese.

Esto aplica para todo: trabajo, personas, comunidad, familia.

Créeme que mientras más te involucres menos criticarás, ni encontrarás errores porque la proactivividad mata la queja y la empatía mata la crítica.

El religioso británico, William Penn, lo decía: tienen derecho a censurar los que tienen corazón para ayudar.

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