El fracaso de los mexicanos en el cine a lamentar que hayan ganado varios premios Oscar

Esto, al más puro estilo pre revolucionario, como si los dueños de las haciendas les hubiesen permitido entrar a la fiesta… a limpiar.  A decir buenas noches.  A saludar pues.

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Los noticieros de televisión del lunes 5 de marzo pasado, igual que los diarios de todo el país, festejaban el triunfo de los mexicanos en la celebración de los Premios Oscar en Hollywood.

Esto, al más puro estilo pre revolucionario, como si los dueños de las haciendas les hubiesen permitido entrar a la fiesta… a limpiar.  A decir buenas noches.  A saludar pues.

Y es que el papel tristísimo de los “presentadores” mexicanos, sobre todo el de Eugenio Derbez vestido y peinado como “mono” de organillero, el de una modelo disfrazada con un vestido amarillo, o el de Gael García Bernal sin poder dar una nota en una canción, debía avergonzarnos.

Somos, según los anfitriones, ciudadanos de segunda a los que se les permite una aparición, para efecto de fotografías y propaganda.  Punto.

La película animada que ganó, Coco, es una maravilla.  Tiene una armonía casi perfecta, tiene color, movimiento, argumento, una historia de familia, de viejitos, de amor… Es, en verdad, y así lo he escrito muchas veces, una gran película.

Pero si bien está ambientada en un pueblo mexicano, y recoge la tradición nacional para celebrar el Día de los Muertos, no es una película mexicana.  Sus realizadores, de los guionistas hasta el productor, son extranjeros.  No es un éxito de nuestro país sino de unos extranjeros que entendieron nuestras tradiciones y supieron comunicarlas.
Que triste que no contemos gente con esa capacidad en México.  O que, si contamos con ellos, no tengan espacio para desarrollarse.

Otro tanto sucede con Guillermo del Toro.  No es, propiamente, un cineasta mexicano.  Es un mexicano que no pudo encontrar espacios propicios para realizar su vocación de cineasta y tuvo que emigrar a Estados Unidos, donde aprendió un idioma que habla sin acento y trabaja en la industria cinematográfica hace 25 años.

Sí, del Toro es un ejemplo de lo lejos que puede llegar un emigrado, pero nunca es un mexicano que hizo cine mexicano en México y que, con esta producción, mexicana, logró ganar todos los premios.

Esta es la lección que tendríamos que aprender de los Premios Oscar, de todos los otros premios que han permitido que millones de personas sepan que Guillermo del Toro es un director de cine que nació en México, y que tuvo que irse a vivir a Estados Unidos para realizar su sueño.

Igual que quienes se convierten en jardineros, en cocineros, en empresarios, son mexicanos con talento, con capacidad, con disciplina que no tuvieron dónde realizarse en su país.  Que tragedia tan grande para todos, como sociedad y como individuos.

Así que mejor sintamos tristeza.  Por del Toro trabajando rodeado de extranjeros en un país extranjero filmando películas en otro idioma… Y pensemos qué hubiese logrado en México… Obvio, con un apoyo oficial a la realización cinematográfica, a la cultura toda, que no existe.

 

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