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enero 30, 2026

Voces

La custodia de menores póstuma: ¿quién decide cuando los padres ya no están?

La muerte de uno o ambos progenitores no solo deja un vacío emocional en la vida de un menor; también abre un complejo escenario jurídico pocas veces discutido en la agenda pública:

la custodia póstuma.

¿Quién debe hacerse cargo de niñas, niños y adolescentes cuando quienes ejercían la patria potestad fallecen?

¿La familia decide, el Estado interviene o el interés superior del menor marca la ruta?

En México, la custodia póstuma no es automática ni se resuelve por simple cercanía sanguínea.

La ley privilegia el interés superior de la niñez por encima de cualquier derecho familiar.

Esto implica que no basta con ser abuelo, tío o hermano mayor para asumir la custodia; es necesario demostrar capacidad material, emocional y moral para garantizar el desarrollo integral del menor.

Cuando uno de los padres fallece, la custodia suele recaer en el progenitor sobreviviente, salvo que exista causa justificada para negarla.

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El verdadero dilema surge cuando ambos padres mueren o cuando el sobreviviente es incapaz de ejercer adecuadamente la crianza.

En esos casos, los jueces familiares deben analizar el entorno más favorable para el menor, escuchando su opinión conforme a su edad y madurez, y evaluando informes psicológicos y sociales.

La custodia póstuma también plantea preguntas incómodas: ¿vale más la voluntad expresada en vida por los padres o la evaluación posterior de un juez? Aunque los padres pueden designar tutores en testamento, esta voluntad no es absoluta.

El Estado conserva la facultad de revisar si dicha designación protege efectivamente al menor.

En un país donde muchas infancias quedan desprotegidas por la violencia, la enfermedad o los accidentes, hablar de custodia póstuma es hablar de prevención y responsabilidad.

No se trata solo de herencias materiales, sino de herencias afectivas y de cuidado.

Planear la custodia es, en el fondo, un acto de amor y de justicia para quienes no pueden decidir por sí mismos.

Porque cuando los padres faltan, la pregunta no es quién quiere al menor, sino quién puede cuidarlo mejor.

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