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enero 08, 2026

Voces

La crisis de la verdad es la crisis de la sociedad

Muchas veces hemos visto cómo se cambia el discurso para suavizar el impacto de las palabras, así, se cambió la devaluación por deslizamiento, crecimiento negativo en lugar de recesión, daños colaterales por muertes de civiles, recortes estratégicos por despidos masivos, etc. eufemismos con los que se trata de evitar el impacto de la palabra precisa

A veces la manipulación se impone, como la prohibición que surgió en redes sociales cuando al llamar a lo sucedido -y que sigue sucediendo- en Gaza, era imperativo no usar la palabra genocidio; esta columna no podría ser publicada hoy en algunos países de Europa justo por contener esa palabra “genocidio” y podría acarrearme una multa o cárcel, pero hoy la uso, agradeciendo la libertad de este medio y de mi país, como el ejemplo reciente de la manipulación del discurso, porque las palabras precisas tienen eso, fuerza y verdad incontrovertible.

Un oficio de la BBC pidió a sus reporteros no usar la palabra “secuestro” al referirse a Maduro y que en su lugar se usara “capturado” o “aprehendido”, la “línea editorial” para ir suavizando el discurso ante un hecho tan ilegal como bombardear un territorio en tiempo de paz, sacar a un presidente en funciones de un país, trasladarlo a otro sin una orden de la Corte Penal Internacional y juzgarlo.

Revisando los periódicos más importantes de Estados Unidos, tampoco en ellos se habla de “secuestro” y así, la manipulación contribuye a la normalización como también se normalizó el estallido en Gaza, muy pronto se olvidaron del rescate a los rehenes y el discurso se modificó a “esta tierra es mía”, haremos un “resort” cuando la “limpiemos”; tan “normal” como robarse buques petroleros, como bombardear barcazas de civiles…tan normal como antes fue la “solución final”, “espacio vital” “tratamiento especial” “reasentamiento” “custodia protectora”, usadas durante la Segunda Guerra por la Alemania nazi.

El mundo lo vio entonces y lo ve ahora con la misma pasividad.

Hanna Arendt decía que el lenguaje impersonal, facilitaba la “banalidad del mal”, y Orwell en su obra 1984, habla de la “neolengua” como herramienta de control totalitario.

Decir las cosas como son con las palabras exactas y defenderlas es indispensable hoy, para que las mentiras, jamás vuelvan a sonar como verdades.

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