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abril 03, 2026

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Invertir como extranjero en el sureste de México: el papel del fideicomiso

El sureste de México —con destinos como Cancún, Riviera Maya, Tulum o Yucatán— se ha consolidado como uno de los mercados inmobiliarios más atractivos para inversionistas internacionales.

Sin embargo, existe una particularidad legal que suele generar dudas: ¿cómo puede un extranjero adquirir propiedad en zona costera? La respuesta está en el fideicomiso.

La Constitución Mexicana establece que los extranjeros no pueden adquirir directamente bienes inmuebles dentro de la llamada “zona restringida”, que comprende 50 km de las costas y 100 km de las fronteras. Para facilitar la inversión, se creó una figura legal segura y ampliamente utilizada: el fideicomiso bancario.

En este esquema intervienen tres partes.

El fideicomitente (vendedor) transmite la propiedad a una institución bancaria mexicana, que actúa como fiduciario.

El comprador extranjero se convierte en fideicomisario, es decir, el beneficiario del inmueble.

Aunque el banco aparece como titular en la escritura, el fideicomisario tiene todos los derechos de uso, goce, renta, venta o herencia de la propiedad.

El fideicomiso se constituye por un periodo inicial de 50 años, renovable indefinidamente. Además, permite designar beneficiarios sustitutos, lo que facilita la sucesión patrimonial sin necesidad de procesos complejos.

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Este punto es especialmente atractivo para quienes buscan proteger su inversión a largo plazo.

Desde el punto de vista operativo, el proceso es bastante claro: una vez elegido el inmueble, se solicita el permiso ante la Secretaría de Relaciones Exteriores, se estructura el fideicomiso con el banco elegido y se formaliza la compra ante notario.

El costo incluye una comisión inicial de constitución y una cuota anual de administración, que varía según la institución financiera.

Lejos de ser una limitante, el fideicomiso se ha convertido en un vehículo confiable que brinda certeza jurídica a inversionistas extranjeros.

Gracias a este mecanismo, el sureste mexicano sigue captando capital internacional, impulsando el desarrollo turístico, residencial y comercial de la región.

Invertir en esta zona no solo implica adquirir un activo, sino formar parte de uno de los mercados con mayor crecimiento y proyección en América Latina, respaldado por una estructura legal sólida y probada.

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