Hablar de gobernabilidad hoy exige ir más allá de los escritorios y los discursos bien intencionados.
Gobernar no es solo administrar, es comprender realidades, escuchar voces y tomar decisiones con los pies en el territorio.
En estados como Quintana Roo, donde la diversidad social, el crecimiento acelerado y la movilidad constante son parte de la vida cotidiana, la cercanía no es un gesto político: es una necesidad de gobierno.
Durante mucho tiempo se creyó que las decisiones públicas podían tomarse desde la distancia, sin diálogo y sin contacto directo con la gente.
Ese modelo generó políticas desconectadas de la realidad y una brecha profunda entre gobierno y ciudadanía.
Hoy, la transformación nos exige otra lógica: gobernabilidad con cercanía, donde el territorio sea el punto de partida para decidir.
Cuando se gobierna desde el territorio, las prioridades se ordenan de forma distinta.
Se entiende que una colonia no necesita promesas, sino servicios; que una comunidad no pide discursos, sino soluciones; que una familia no espera anuncios, sino resultados.
Escuchar en campo permite diseñar políticas públicas más justas, más eficientes y con mayor impacto social.
En Quintana Roo, esta forma de gobernar ha demostrado que la cercanía fortalece la estabilidad.
Programas sociales mejor focalizados, obras que responden a necesidades reales, políticas de movilidad, vivienda y bienestar que nacen del diálogo directo con la ciudadanía.
La gobernabilidad se construye cuando la gente se siente tomada en cuenta y representada.
Desde el Congreso del Estado, hemos impulsado esta visión de territorio como eje de la vida pública.
Iniciativas como el Día del Pueblo, las audiencias abiertas y la presencia permanente en comunidades no son actos simbólicos; son herramientas para legislar mejor.
Una ley que nace de escuchar es una ley que funciona.
La cercanía también fortalece la confianza. Cuando las y los ciudadanos saben que su voz importa, se genera corresponsabilidad, participación y cohesión social.
Y en contextos de alta complejidad como el nuestro, esa confianza es la base de la gobernabilidad.
Hoy, gobernar bien significa estar cerca. Significa caminar las colonias, escuchar las preocupaciones, entender las diferencias y decidir con sensibilidad social.
El territorio no es un escenario: es el origen de las decisiones públicas que verdaderamente transforman.
Porque cuando se gobierna con cercanía, no solo se decide mejor: se construye estabilidad, legitimidad y futuro compartido para Quintana Roo.

