¿Por qué la flagrancia genera tanta discusión en México?
Porque se ha vuelto el punto crítico entre la eficacia policial y el respeto a los derechos humanos.
En teoría, permite detener a quien está cometiendo un delito en ese mismo instante.
En la práctica, su uso ambiguo abre la puerta a abusos y detenciones arbitrarias.
¿Qué es exactamente la flagrancia?
La ley la define como la situación en la que una persona está cometiendo un delito o acaba de cometerlo y es vista, identificada o perseguida inmediatamente.
No se trata de sospechas, intuiciones ni reportes tardíos.
Requiere inmediatez y percepción directa.
¿Por qué es tan delicada su aplicación?
Porque muchos cuerpos policiales invocan la flagrancia como justificación automática para detener sin orden judicial.
Cuando no hay investigación previa ni elementos suficientes, la figura termina siendo un salvavidas administrativo.
Pero un salvavidas que puede hundir derechos fundamentales.
¿La Suprema Corte ha trazado límites?
Sí. Ha establecido que la flagrancia exige continuidad: el policía debe observar el hecho o intervenir en una persecución real y sin interrupciones.
Si hay lapsos, versiones contradictorias o reconstrucciones posteriores, la detención pierde validez.
¿Qué ocurre cuando se detiene sin cumplir estos requisitos?
La detención se considera ilegal, y las pruebas derivadas pueden excluirse.
Además, los agentes pueden enfrentar responsabilidades por abuso de autoridad.
El sistema penal acusatorio no admite atajos disfrazados de inmediatez.
¿Entonces la flagrancia es buena o mala para la sociedad?
Es buena cuando se utiliza correctamente.
Permite reaccionar con rapidez ante delitos evidentes y refuerza la seguridad.
Pero es peligrosa si se convierte en la excusa para detener primero y justificar después.
¿Cuál es el reto actual?
Lograr que policías y fiscalías comprendan que la flagrancia no es un cheque en blanco.
El desafío es equilibrar la eficacia y la legalidad.
Un país que tolera detenciones irregulares termina debilitando su propia justicia.
¿Qué debe preocuparnos como ciudadanía?
Que la flagrancia deje de ser una herramienta excepcional y se convierta en rutina.
El respeto al debido proceso no es un obstáculo: es la base de un sistema penal confiable.

