En el sector inmobiliario mexicano, el escrow se ha convertido en una herramienta clave para reducir riesgos, especialmente en operaciones de preventa o con compradores extranjeros.
Aunque no es una figura tradicional como en Estados Unidos, en México funciona como un depósito en garantía administrado por un tercero neutral.
El principio es sencillo: el comprador no entrega el dinero directamente al vendedor o desarrollador.
En su lugar, los recursos se depositan en una cuenta administrada por una institución financiera o empresa especializada, y solo se liberan cuando se cumplen las condiciones establecidas en el contrato.
Veámoslo con un ejemplo práctico:
Imaginemos una preventa en Cancún. Un inversionista adquiere un departamento por 5 millones de pesos y debe entregar un 30% de enganche.
En lugar de transferir 1.5 millones directamente al desarrollador, el dinero se deposita en una cuenta escrow.
El contrato establece que los fondos se liberarán en parcialidades conforme avance la obra: cimentación, estructura, entrega de la unidad terminada y escrituración.
Si el desarrollador cumple con cada etapa, el dinero se libera según lo pactado.
Si no cumple o existen incumplimientos graves, el comprador cuenta con mayor protección para recuperar sus recursos, conforme a las condiciones previamente firmadas.
En México, cuando el esquema se realiza a través de fideicomisos bancarios, estos son supervisados por la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, lo que brinda mayor certeza jurídica. También existen empresas privadas que ofrecen el servicio, por lo que es indispensable revisar su respaldo legal y reputación antes de contratarlo.
El valor del escrow no radica únicamente en resguardar el dinero, sino en profesionalizar la operación.
Genera transparencia, disciplina financiera y confianza entre las partes. En mercados dinámicos como la Riviera Maya, donde convergen inversionistas nacionales e internacionales, este mecanismo puede marcar la diferencia entre una operación sólida y una relación basada únicamente en la buena fe.
En un entorno donde cada peso cuenta, el escrow no es un lujo: es una estrategia de protección patrimonial.
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