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febrero 02, 2026

Voces

¿Educación sexual o kamasutra infantil?

En este mes de febrero escribiré sobre temas de educación sexual, amor, tantrismo y sobre el clítoris como órgano olvidado y satanizado. Empezaré la entrega con el debate actual sobre los nuevos libros de texto para educación primaria que por primera vez abordan de forma clara temas sobre sexualidad y género.

La educación sexual volvió a encender el debate público en México. Con el inicio del ciclo escolar 2023-2024, los nuevos libros de texto gratuitos para educación primaria, elaborados bajo el modelo de la Nueva Escuela Mexicana, provocaron protestas, marchas, quema de libros y un fuerte rechazo de grupos conservadores, asociaciones de padres de familia y organizaciones religiosas. El motivo: la inclusión explícita de contenidos sobre sexualidad, género, diversidad e igualdad de derechos desde los primeros años escolares.

El argumento se repite: hablar de sexualidad “confunde” y “daña” a la infancia, en algunas marchas se hablaba de que les estaban enseñando el kamasutra escondido en los libros de texto. Pero ¿qué es lo que realmente daña más a niñas y niños?, ¿un libro de texto o el silencio?

México ocupa el segundo lugar a nivel mundial en consumo de pornografía y registra miles de embarazos en niñas y adolescentes cada año. La mayoría de las y los jóvenes desconoce información básica para prevenir infecciones de transmisión sexual. Aun así, hay quienes consideran más peligrosos a unos libros con un enfoque laico y científico que los contenidos sexuales explícitos que fácilmente se obtienen por internet.

Eso no significa que los nuevos libros sean perfectos e inmejorables. Algunos contenidos requieren una revisión profunda acorde con el desarrollo cognitivo y emocional de cada edad. Por ejemplo, en los libros de segundo año de primaria (niños de 7 años), se explica la diferencia entre el sexo de nacimiento, la orientación sexual y la identidad de género de una forma compleja e incomprensible hasta para muchos adultos.

Detrás de las protestas no solo hay religiosidad, sino una resistencia profunda a nombrar el cuerpo, reconocer el placer, hablar de diversidad. La educación sexual bien planteada no erotiza; protege. No corrompe; informa. No destruye a la familia; amplía el horizonte de derechos. El verdadero escándalo no es que los libros hablen de sexualidad, sino que todavía haya quienes crean que el silencio ha sido alguna vez una forma de cuidado.

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