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enero 12, 2026

Voces

Cuando la participación deja de ser consigna y se vuelve responsabilidad

La fuerza de la transformación

Hablar de nuevas generaciones y participación política no puede quedarse en el discurso cómodo ni en la nostalgia de lo que “debería ser”. Hoy el reto es mucho más profundo: lograr que la participación sea real, cotidiana y con impacto en la toma de decisiones. No basta con invitar a las juventudes a escuchar; el desafío es abrirles espacios para construir.

Durante años, la política se ejerció como un ejercicio cerrado, lejano y excluyente. A las y los jóvenes se les pedía paciencia, se les prometía futuro, pero se les negaba presente. Esa lógica ya no funciona. Las nuevas generaciones no quieren ser espectadoras: quieren incidir, cuestionar y transformar. Y tienen razón.

Desde la Cuarta Transformación entendimos que sin participación activa no hay democracia verdadera. La política no puede seguir siendo una élite que decide por todos; debe ser un espacio donde la diversidad de voces se traduzca en soluciones reales. En Quintana Roo lo hemos aprendido desde el territorio: cuando la gente participa, las decisiones son más justas y los resultados más sólidos.

Las juventudes hoy enfrentan un contexto complejo: precariedad laboral, crisis ambiental, desigualdad social y una profunda desconfianza hacia las instituciones. Pretender que participen sin ofrecerles causas reales, mecanismos claros y resultados tangibles es una simulación. La participación se construye con hechos, no con discursos.

Por eso hemos impulsado espacios de diálogo directo, asambleas informativas, ejercicios de escucha y mecanismos donde la voz joven no solo se registra, sino se incorpora. Iniciativas como el Día del Pueblo, el trabajo territorial permanente y la apertura de espacios comunitarios buscan romper la barrera entre ciudadanía y política, y ahí las nuevas generaciones juegan un papel central.

Participar también implica asumir responsabilidades. No se trata solo de exigir —que es legítimo— sino de involucrarse en la construcción colectiva. La transformación requiere organización, constancia y compromiso. Las juventudes tienen la energía, la creatividad y la conciencia social; la tarea de quienes hoy tenemos responsabilidades públicas es no cerrarles la puerta, sino acompañarles con seriedad.

En Morena hemos entendido que la militancia joven no es un accesorio ni una estadística. Es una fuerza viva que cuestiona, propone y empuja al movimiento a ser mejor. La participación política real no nace en las cúpulas; nace en las colonias, en las universidades, en los centros de trabajo y en los espacios comunitarios donde se vive la realidad cotidiana.

El futuro no se hereda: se construye. Y ese futuro exige nuevas formas de hacer política, con ética, con cercanía y con resultados. Si queremos una democracia fuerte, debemos apostar por generaciones que participen hoy, no mañana.

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Desde Quintana Roo seguiremos abriendo espacios, escuchando y construyendo junto a quienes quieren transformar su entorno. Porque cuando las nuevas generaciones participan de verdad, la política deja de ser promesa y se convierte en cambio real.

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