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febrero 14, 2026

Voces

Reputación, propósito y una nueva ley para un México circular

La reciente Ley General de Economía Circular representa un parteaguas para las organizaciones y empresas en México, porque obliga a repensar procesos, rediseñar productos y asumir una responsabilidad ampliada a lo largo del ciclo de vida de los bienes que ponemos en el mercado.

Está fue publicada en el Diario Oficial de la Federación el 19 de enero de 2026, esta ley instaura un marco normativo nacional que va más allá del tradicional modelo lineal de producir-usar-desechar.

Prioriza la reutilización, la reparación, el reciclaje y la incorporación de materiales de retorno en procesos productivos, lo que impulsa una economía más sostenible, eficiente y respetuosa con el medio ambiente.

Para las organizaciones, esto significa asumir nuevos retos y oportunidades: fomentar la innovación, diseñar productos duraderos y circularmente eficientes, y responder ante los grupos de interés con transparencia y compromiso genuino.

Bajo el esquema de Responsabilidad Extendida del Productor (REP), quienes introducen productos al mercado deberán ahora considerar su impacto ambiental incluso después de su uso, lo que exige transformar prácticas productivas y comunicar con claridad estos compromisos.

Incorporar estos lineamientos no solo es un mandato normativo: es una oportunidad estratégica para fortalecer la reputación institucional. Las organizaciones que internalizan principios de economía circular —no solo como cumplimiento legal, sino como compromiso cultural— demuestran coherencia, visión de futuro y una apuesta real por la sostenibilidad.

La reputación se construye también en la manera en que se cuidan los recursos que compartimos, se respetan los ecosistemas y se generan soluciones a los retos ambientales que afectan a nuestras comunidades.

En Quintana Roo, donde el desarrollo turístico y social convive con una riqueza natural incomparable, avanzar hacia una economía circular nos invita a repensar cómo producimos, consumimos y conservamos. Las Relaciones Públicas cobran un papel esencial en este proceso: conectan narrativas, articulan acciones y hacen visibles los compromisos reales de las organizaciones con su entorno.

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La reputación, entonces, deja de ser un atributo independiente para convertirse en el reflejo tangible de la responsabilidad, la innovación y el liderazgo con sentido social. Conectar para transformar implica no solo hablar de cambios, sino vivirlos y comunicarlos con transparencia y coherencia.

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