En el debate público mexicano existe una tendencia cada vez más evidente: juzgar a las personas por la coyuntura del momento sin detenerse a analizar la historia que hay detrás de su trayectoria, las causas que han defendido y el trabajo que han construido antes de ocupar una responsabilidad pública.
Es precisamente desde esa perspectiva que vale la pena observar hoy la historia de Citlalli Hernández Mora, una figura que en los últimos días ha sido objeto de críticas políticas que, en muchos casos, ignoran el camino que la llevó hasta la posición que hoy ocupa dentro del gobierno federal.
Citlalli proviene de Iztacalco, una zona popular de la Ciudad de México donde la política no se aprende en los escritorios sino en el territorio. Desde muy joven participó en movimientos sociales y en la organización comunitaria, una experiencia que marcaría su forma de entender el servicio público: la política no como privilegio, sino como herramienta para transformar la vida cotidiana.
Su trayectoria institucional confirma ese proceso. Antes de encabezar la Secretaría de las Mujeres fue diputada local, posteriormente senadora de la República y también secretaria general de Morena. No se trata de una carrera improvisada, sino de un camino construido paso a paso desde el activismo hasta la responsabilidad institucional.
Hoy, desde la Secretaría de las Mujeres, su trabajo se ha traducido en políticas públicas concretas que buscan cambiar la realidad de millones de mexicanas.
Uno de los programas más importantes es la creación de los Centros LIBRE (Libertad, Igualdad, Bienestar, Redes y Emancipación), espacios de atención integral donde las mujeres pueden acceder a asesoría jurídica, acompañamiento psicológico, capacitación laboral y redes de apoyo para recuperar su autonomía económica.
El programa contempla la instalación de más de mil centros en todo el país, con una inversión cercana a 983 millones de pesos. Cada centro puede atender entre 800 y 1,200 mujeres al año, lo que significa que el programa podría impactar entre 800 mil y más de un millón de mujeres anualmente en todo el país.
Pero el impacto no termina ahí.
En México, de acuerdo con datos del INEGI, más del 70% de las mujeres ha enfrentado algún tipo de violencia a lo largo de su vida. Programas como estos buscan precisamente romper ese ciclo ofreciendo acompañamiento institucional, asesoría legal y apoyo psicológico para que miles de mujeres puedan reconstruir su vida.
Cuando una mujer logra salir de un entorno de violencia o vulnerabilidad económica, el beneficio se multiplica. No solo mejora su vida: mejora la estabilidad de sus hijos, fortalece su hogar y contribuye a la cohesión social de su comunidad.
Y también tiene un impacto económico.
El trabajo doméstico y de cuidados que realizan principalmente las mujeres representa cerca del 27% del Producto Interno Bruto de México, según estimaciones del INEGI. Es decir, una parte fundamental de la economía nacional descansa sobre una labor que durante décadas ha permanecido invisibilizada.
Políticas como el Sistema Nacional de Cuidados, la capacitación para el empleo o el fortalecimiento de la autonomía económica femenina buscan precisamente liberar tiempo, generar oportunidades laborales y ampliar la participación de las mujeres en la economía formal.
Si estos programas logran consolidarse en los próximos años, su impacto podría ser profundo: mayor participación laboral femenina, aumento del ingreso familiar, reducción de la pobreza en hogares encabezados por mujeres y un crecimiento económico más incluyente.
Este enfoque forma parte de una visión más amplia impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum, quien ha insistido en que la transformación del país también pasa por garantizar que las mujeres tengan acceso pleno a derechos, oportunidades y participación en la vida pública.
México vive hoy un momento histórico: por primera vez una mujer encabeza la Presidencia de la República mientras una nueva generación de liderazgos femeninos comienza a consolidarse en distintos espacios de decisión.
Pero este cambio no se construye únicamente desde los niveles más altos del poder.
También nace en el territorio, en comunidades donde cada vez más mujeres participan en la vida pública escuchando, acompañando y defendiendo causas sociales.
Porque cuando una mujer se fortalece, no se fortalece sola., Se fortalece su familia, se fortalece su comunidad y, en muchos casos, también se fortalece la economía del país.
Por eso la historia de Citlalli Hernández es más relevante de lo que parece a simple vista. No solo habla de una funcionaria pública, sino de una generación de mujeres que está demostrando que la política puede convertirse en una herramienta real de transformación social y desarrollo económico.

