El 21 de marzo, desde temprana hora, los visitantes nacionales y extranjeros ingresaron por las puertas de los principales sitios arqueológicos de México, para recibir el equinoccio de primavera, siendo el mayor atractor de visitantes la ciudad de Chichen Itza, en donde se encuentra la pirámide de Kukulkan, en la que cada año se puede visualizar el fenómeno del descenso a la tierra de la serpiente emplumada, Kukulcan, a través de un juego de luces y sombras en la escalinata norte del edificio.
El equinoccio de primavera se celebra de manera ritual el 21 de marzo en muchas de las zonas arqueológicas de México, ya que la publicidad y la mercadotecnia lo ha convertido en un evento místico, en el que las personas se “purifican”, se van a “cargar de energía” y a eliminar las “malas vibras” acumuladas por un año.
Vestidos de blanco, con accesorios de cuarzos o ámbar, agolpados unos con otros, vemos a turistas locales y extranjeros alzar los brazos al cielo, con la intención de canalizar la energía del universo, a través del cuerpo.
La antropóloga Réene de la Torre manifiesta que “las principales zonas arqueológicas de México y de Sudamérica se han transformado recientemente en novedosos santuarios de tribus neopaganas que incluyen una diversidad de agentes: guardianes indígenas de la tradición, neoindios, chamanes, guías de turismo místico espiritual, neochamanes, celebrantes de rituales de disímbolas espiritualidades alternativas (rosacruces, esotéricos, yoguis, espiritistas, sanadores, seguidores de la Nueva Era, danzantes de la mexicanidad, celebrantes de la Madre Tierra), etcétera.”.
Todos ellos practicando una espiritualidad ecléctica y difusa y la mayoría sin una preparación previa.
Fray Diego de Landa narra que para sus ceremonias rituales los mayas usaban el copal para limpiar el espacio y las personas, practicaban ayunos y abstinencia sexual antes de participar en una ceremonia de purificación, en algunos casos se practicaban sangrías punzando partes de su cuerpo y se hacían baños de temazcal.
Era inconcebible que pretendieran obtener auxilio de los dioses si solo se presentaban a la ceremonia sin antes purificarse.
Considero importante que quienes acudan a una zona arqueológica mínimo conozcan el sitio que visitan y previamente se preparen física y mentalmente para obtener las gracias que están buscando.
Visitar una pirámide por un día y el resto del año tener hábitos nocivos para el cuerpo, la mente y el espíritu no traerá ningún beneficio.

