El 2026 se perfila como un año determinante para el deporte de Quintana Roo. No solo por la magnitud de los eventos que están en puerta, sino por la responsabilidad institucional y social de consolidar un modelo deportivo que combine alto rendimiento, desarrollo social y proyección internacional. Será un periodo clave para medir avances reales, corregir inercias y confirmar si el estado está listo para competir en ligas mayores, dentro y fuera del país.
En este escenario, la Comisión del Deporte de Quintana Roo (CODEQ), encabezada por Jacobo Arzate, enfrenta uno de los ciclos más exigentes de los últimos años. Las expectativas son altas y el margen de error, reducido. El reto no es menor: sostener resultados, fortalecer estructuras deportivas y responder a una agenda cada vez más amplia y compleja, en un contexto donde la exigencia ciudadana y mediática es constante.
Uno de los principales termómetros será la Olimpiada Nacional CONADE 2026, programada para los meses de abril y mayo. Más allá del conteo de medallas, esta justa refleja procesos, planeación, detección de talento y continuidad en el trabajo con atletas y entrenadores. Posteriormente, la Paralimpiada Nacional CONADE exigirá un compromiso real con el deporte adaptado, donde Quintana Roo tiene la oportunidad de reafirmar su vocación incluyente y demostrar que el alto rendimiento también se construye desde la igualdad de oportunidades.
Ambas competencias se desarrollarán en un año marcado por el Mundial de la FIFA 2026, lo que eleva la exigencia logística, organizacional y de imagen para todo el país. En ese contexto, el estado también tendrá actividad internacional relevante, con eventos de pádel y patines sobre ruedas, disciplinas en crecimiento que diversifican la oferta deportiva y fortalecen el turismo deportivo.
A ello se suma un hecho histórico: Quintana Roo será casa de concentración de dos selecciones mundialistas, hospedadas en Moon Palace y Fairmont Mayakoba. Más que una anécdota, es una carta de presentación ante el mundo que implica estándares elevados en seguridad, infraestructura y servicios.
Sin embargo, el verdadero desafío de 2026 no será solo organizar eventos, sino dejar legado. Que las competencias se traduzcan en mejores espacios, mayor formación de entrenadores, programas sólidos para niñas, niños y jóvenes, y una cultura deportiva que trascienda administraciones.
Porque los grandes años no se improvisan: se construyen. Y Quintana Roo tiene ante sí la oportunidad —y la responsabilidad— de hacerlo bien.

