Israel Vallarta acusa y pregunta

El 8 de diciembre de 2005 fue detenido Israel Vallarta Cisneros en compañía de su pareja sentimental, Florence Cassez, de nacionalidad francesa

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El 8 de diciembre de 2005 fue detenido Israel Vallarta Cisneros en compañía de su pareja sentimental, Florence Cassez, de nacionalidad francesa. Al otro día fue “recreada” esa aprehensión para ser difundida a nivel nacional en televisión abierta. Por tal violación más que evidente al debido proceso judicial, y por una fuerte presión del gobierno francés, Cassez fue liberada siete años después. Vallarta, en cambio, sigue en una prisión de alta seguridad, sin sentencia y entrampado burocráticamente en un sinfín de trámites, ya a punto de cumplir catorce años en una prisión de la que, en el mejor de los casos, podría salir libre acompañado de un “usted disculpe” que le regale algún juez.

Vallarta ha enviado al autor de esta columna y conductor de un noticiero radiofónico de La Octava, y a “medios de comunicación” y la “opinión pública”, un texto escrito a mano, cuyas partes sustanciales se reproducen:

Considera que su detención se debió a una maquinación realizada desde 2004 para “poner en evidencia”, por un lado, “a un gobierno capitalino, entonces ¡encabezado por el actual presidente!”, tratando de acusarlo de “no cumplir con su compromiso de otorgar seguridad y, peor aún, de fomentar los secuestros y tener secuestradores en sus filas”.

“Todo con un segundo objetivo: poder perpetuarse en el poder público federal, tal y como lo lograron Genaro García Luna y su camarilla de secuaces (Cárdenas Palomino, Garza Palacios, Zaragoza Rico, Miranda Torres, Margólis Sóbol, entre muchos otros más), para continuar conservando el monopolio de los secuestros, como un proyecto empresarial que les generaba impresionantes ingresos bajo varios frentes.

“Y, como tercer objetivo: congraciarse con su superior en turno (¡Fox y Calderón!) mediante el descrédito de su principal adversario: Andrés Manuel López Obrador y algunos de sus principales funcionarios en el gobierno de la Ciudad de México.

“Fórmula inquisitoria que jamás hubiese tenido éxito sin la asistencia y complicidad de algunos seudoperiodistas ambiciosos y mezquinos, como en el caso particular de Carlos Loret de Mola Álvarez, jueces y magistrados de consigna…

“Con ello, pongo a debate y pido diluciden: ¿Puede un periodista cometer delitos en su labor profesional o debe ser reprochado por ello y sancionado?  ¿Deben quedar impunes los servidores públicos que fraguan un montaje o escenificación ajena a la realidad, para ‘fabricar delitos, culpables, testigos’ e incluso ‘víctimas’?… Si mi coprocesada, ciudadana francesa, fue detenida bajo las mismas circunstancias a la mía, y ella ya fue liberada.