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marzo 11, 2026

Seguridad

Dependencia digital en adolescentes: especialistas alertan.

Manuel Baeza / Redacción Grupo Cantón

Especialistas en salud mental advierten sobre el crecimiento de la dependencia digital en adolescentes, luego de un incidente ocurrido en la Escuela Secundaria Técnica No. 40 de Playa del Carmen, donde retirar un celular durante clase detonó una crisis emocional en una estudiante.

Cancún.- La escena que estremeció a la comunidad educativa de Playa del Carmen no solo dejó consternación, sino una pregunta incómoda que comienza a inquietar a especialistas, padres y autoridades: ¿Qué ocurre cuando desconectar a un adolescente de su teléfono celular desencadena una crisis emocional extrema?

La reciente tragedia registrada en la Escuela Secundaria Técnica No. 40, en el fraccionamiento Pescadores, donde una estudiante atentó contra su integridad física luego de que le retiraran su dispositivo durante clase, puso en evidencia un fenómeno silencioso pero cada vez más frecuente: la dependencia digital en las nuevas generaciones.

Para muchos adultos la reacción puede parecer exagerada, incluso incomprensible; sin embargo, desde la psicología clínica el problema es más profundo.

La especialista en salud mental Sandybel Robaldino Aguilar explicó que para los adolescentes el smartphone ha dejado de ser un simple objeto tecnológico para convertirse en una extensión de su identidad social y emocional.

A través de él mantienen vínculos, validan su autoestima y construyen su pertenencia a un grupo.

Cuando el dispositivo es retirado de forma abrupta, algunos jóvenes experimentan una sensación de aislamiento inmediato que puede detonar ansiedad, frustración intensa o conductas impulsivas.

Robaldino Aguilar advirtió que en contextos de vulnerabilidad previa —como depresión, ansiedad, baja autoestima o acoso escolar— el teléfono móvil funciona como una especie de “regulador emocional”.

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En estos casos, perder el acceso al aparato puede generar una reacción similar a un síndrome de abstinencia. La especialista explicó que la dinámica de redes sociales, basada en la obtención de “likes”, comentarios y notificaciones constantes, activa los centros de recompensa del cerebro, liberando dopamina y creando un circuito de gratificación que fomenta la dependencia psicológica.

Con el tiempo, este patrón altera el sueño, reduce la capacidad de concentración, impacta el rendimiento escolar y deteriora las relaciones presenciales.

El fenómeno no es aislado. En Cancún, el Instituto Municipal Contra las Adicciones (IMCA) ha detectado casos relacionados con el uso compulsivo del celular, redes sociales y videojuegos en línea entre adolescentes y jóvenes.

El director de la dependencia, Alberto Ortuño Báez, explicó que las llamadas “adicciones sin sustancia” se han convertido en un reto emergente para la salud pública, debido a que suelen pasar desapercibidas dentro del entorno familiar.

A diferencia de las drogas tradicionales, estas dependencias se desarrollan en la cotidianidad del hogar y, en muchos casos, con el consentimiento indirecto de los propios padres.

El funcionario señaló que, a través de la campañas, el IMCA trabaja con jóvenes que presentan conductas impulsivas, aislamiento social y dificultades para regular sus emociones relacionadas con el uso excesivo de dispositivos electrónicos.

Ortuño Báez subrayó que muchas familias utilizan el celular como herramienta de distracción desde edades muy tempranas, lo que facilita que los menores desarrollen un vínculo de dependencia con las pantallas.

Mientras el consumo de sustancias suele comenzar alrededor de los 13 años, la dependencia digital puede iniciar incluso en la infancia temprana.

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Especialistas coinciden en que el reto no se limita a restringir el uso de teléfonos dentro de las aulas.

Si bien las escuelas han comenzado a implementar políticas para reducir las distracciones digitales, la prohibición por sí sola resulta insuficiente para enfrentar un problema que tiene raíces emocionales, familiares y sociales.

El verdadero desafío, advierten psicólogos y educadores, consiste en desarrollar una cultura de alfabetización digital que enseñe a niños y adolescentes a relacionarse de forma equilibrada con la tecnología.

Entre las estrategias recomendadas se encuentra la regulación consciente del tiempo de conexión, permitiendo a los jóvenes aprender a gestionar su propio consumo digital.

Asimismo, se plantea la necesidad de reforzar las habilidades sociales presenciales, promoviendo actividades que recuperen el contacto humano fuera del mundo virtual.

Otro elemento fundamental es fortalecer la educación emocional, brindando herramientas para que los adolescentes puedan enfrentar el rechazo, la frustración o la presión social sin depender exclusivamente de la validación que ofrecen las redes sociales.

Los registros del Centro de Integración Juvenil (CIJ) en Cancún refuerzan esta preocupación. De acuerdo con datos de la institución, la población más afectada por conductas adictivas relacionadas con la tecnología se concentra entre los 15 y 25 años, un grupo que también presenta alta prevalencia en el consumo de sustancias como marihuana y estimulantes sintéticos.

Sin embargo, especialistas del centro advierten que el panorama está cambiando gradualmente.

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Lilian Negrete Estrella, directora del CIJ Cancún, confirmó que el uso compulsivo de videojuegos, redes sociales y teléfonos inteligentes ya figura entre las principales causas de atención psicológica en la institución.

Aunque el enfoque tradicional del centro ha estado orientado al tratamiento de adicciones químicas, la creciente presencia de estas conductas digitales refleja una transformación en la forma en que los jóvenes enfrentan el estrés, la soledad y la presión social.

“Estamos observando un cambio claro en los patrones de dependencia. Muchos jóvenes están reemplazando el consumo de sustancias por el uso excesivo de pantallas. El tipo de daño es distinto, pero el impacto en la salud mental puede ser igual de serio”, explicó la especialista.

En ese sentido, el CIJ hizo un llamado a padres de familia, docentes y cuidadores a mantenerse atentos a las señales de alerta que pueden indicar un problema de dependencia digital.

Entre los signos más frecuentes destacan la irritabilidad o agresividad cuando se interrumpe el uso del dispositivo, el aislamiento social progresivo, la pérdida de interés en actividades recreativas fuera del entorno virtual, alteraciones en los horarios de sueño y una disminución significativa en el rendimiento escolar.

Detectar estas conductas a tiempo, advierten los especialistas, puede marcar la diferencia entre una intervención temprana y una crisis mayor.

La tragedia registrada en la secundaria de Playa del Carmen dejó una lección que trasciende el ámbito escolar.

Más allá de un incidente aislado, el caso revela una realidad que comienza a cobrar fuerza en la era digital: la relación entre los jóvenes y la tecnología se ha vuelto profundamente emocional.

Comprender esa conexión, acompañarla con responsabilidad y enseñar a gestionarla podría ser la clave para evitar que la desconexión —literal o simbólica— vuelva a convertirse en detonante de una crisis.

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