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enero 24, 2026

Ejido Salamanca: producción agrícola bajo la lupa ambiental
Ejido Salamanca: producción agrícola bajo la lupa ambiental

Quintana Roo

Ejido Salamanca: producción agrícola bajo la lupa ambiental

Paloma Wong / Grupo Cantón

La comunidad menonita asentada en Bacalar ha expandido su agricultura a casi 5 mil hectáreas, pero enfrenta señalamientos por deforestación sin permisos y presunto daño ambiental.

Chetumal.- Desde el 2004, familias de menonitas llegaron desde Belice a vivir en terrenos del Ejido Bacalar, tras comprar esos terrenos, constituyeron su propio ejido al que denominaron Salamanca, que hoy es conocido por lugareños como un área de producción en deterioro del medio ambiente.
Heinrich Schmitt, delegado del Ejido Salamanca ante las autoridades estatales y municipales, declaró en su momento que llegaron en febrero del 2002 con un topógrafo para las brechas de las calles en las tierras ejidales que ellos habían adquirido, pero fue en el 2004 cuando se asentaron las primeras familias menonitas en Quintana Roo, específicamente en el municipio de Bacalar.
Como todo inicio, las familias han desarrollado actividades agrícolas principalmente de maíz, soya, sorgo y frijol.
La superficie cultivada ha crecido de manera significativa en los últimos 21 años, ya que de 700 hectáreas que tenían cultivadas en 2004, ahora son cerca de 5 mil hectáreas en 2025.
Por lo que el maíz, el sorgo y la soya son procesados en la misma localidad para ser comercializados en otras ciudades, lo que les permite salir adelante.
Además, los menonitas sostienen que su trabajo es fundamental para la producción de alimentos en la región.
Argumentan que, como cualquier campesino, dependen de la tierra para subsistir y enfrentan deudas y las fluctuaciones del mercado agrícola.
Sin embargo, los señalamientos en su contra consideran porque “a los mexicanos no les gusta trabajar”.
Actualmente el ejido Salamanca está conformado por mil 700 personas, desde infantes hasta personas adultas mayores, en donde cada uno de los adolescentes y adultos tiene actividades.
La comunidad menonita carece de energía eléctrica y agua potable, sin embargo, cuentan con paneles solares y utilizan pozos de agua para abastecerse de agua, con lo cual desarrollan sus actividades cotidianas; puesto que la comunidad mantiene un estilo conservador y aislado.
Si bien ellos tienen sus propias tradiciones, se han desarrollado y mantienen una actividad ganadera y de agricultura constante, la comunidad de Salamanca es conocida por lugareños como un área de producción en deterioro del medio ambiente, debido a la tala de selva y la presunta contaminación del suelo.
Aunque cuentan con permisos para cultivar en miles de hectáreas, otra parte del territorio fue desmontada sin una autorización clara por parte de la SEMARNAT, lo que ha incrementado la tensión en un dilema que no tiene una solución sencilla.
De acuerdo con registros oficiales, la SEMARNAT otorgó dos permisos de deforestación: uno en 2003, para 768 hectáreas, y otro en 2005, para 268 hectáreas.
El resto de la superficie desmontada no cuenta con un permiso formal.
En algún momento, se les solicitó un pago de 25 millones de pesos por el cambio de uso de suelo; sin embargo, los menonitas no realizaron el pago, argumentando que no están contemplados dentro de la ley que regula este tipo de cambios.
Cabe mencionar que en el mes de noviembre del 2025, Alonso Fernández Lemmen Meyer, titular de la Procuraduría de Protección al Ambiente en el estado, dio a conocer que se trabaja de cerca con autoridades federales, para que colonias menonitas como Salamanca, Nicolás Bravo, Laguna, El Bajío, San Fernando, El Paraíso y Blanca Flor, entre otras, no avancen más en actividades de tala ilegal, por lo que se encuentra bajo supervisión.
“Se ha logrado impedir la devastación de nuevas áreas gracias a la información recabada y los recorridos de vigilancia. La tarea es compleja debido a la vasta extensión territorial que ya han abarcado, ya estos asentamientos”.
Destacó que ante esta problemática ya se tienen avances con la titular de la Profepa, Mariana Boy, quien ha encabezado mesas de trabajo de periódicas para mantener el operativo en la zona y a mediano plazo considerar algunas alternativas en una segunda fase como una posible reubicación de asentamientos.

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